Texto universitario

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Módulo 4: Carpintería de escritores  

4.1 El taller de escritores dentro de la carpintería 


Este texto es un tributo al rigor, a la lectura atenta, a prestar atención y a la lucha casi perdida de las super-erratas que todo escritor las vive. Leerlo es como participar en un taller selecto impartido por un maestro del oficio, hace que la palabra escrita cante, y explique cómo. Ningún lector en sí mismo volverá a dar por sentado la escritura como algo distinto al arte de pensar y sentir. Ver a la mente elegante y exquisita entrenada en un juego en la página, es el argumento más fuerte posible para el escritor, un texto que tanto los lectores como los escritores disfruten y encuentren edificante. Una guía esencial y un compañero incondicional, contiene toda una vida de pensamiento sobre el valor y el significado de la escritura con propósitos creativos. 


Hemos tenido con nosotros la idea de la noción de que un escritor es como un carpintero, un artista comprometido en un gremio casi extinto. Nuestro modelo es el del carpintero medieval, con su convincente tríada de aprendiz, luego trabajador del viaje, luego maestro artesano, es este último alcanzado después de mucho, de toda una vida de estudio y práctica de la letra. Que la escritura es un arte y un arte es algo que los autores consumados consideran algo evidente. Cada profesor la profesa solo cuando crea la literatura para hablar a las nuevas generaciones; cada estudiante la estudia para ser. La práctica hace, si no perfecto, un mejor practicante; si balanceamos un bate de béisbol cuarenta mil veces para mejorar nuestro juego ¿por qué no perfeccionar las habilidades de imitación también en las letras? 


El hábito comienza en la cuna; copiamos lo que escuchamos y vemos. Ese bacalao musical encantado levantando los brazos y aplaudiendo mientras un niño hace lo mismo, es enseñar con un gesto repetido. ¿Qué tan grande es el bebé? ¡Tan grande! Aprendemos con ejemplos de otros al caminar por la vida y vestimos y cepillamos el pelo y jugamos o tocamos la guitarra; es como aprendemos a deletrear y conducir, pescar y nadar. Es la forma en que primero adquirimos el lenguaje y, más tarde, los estilos. ¿Cómo hace el gato? ¡Miau! En cada acto de lectura hay un acuerdo, por pequeño que sea, sigamos a donde el autor nos lleva; el acto mismo de escribir literatura consiste en la repetición de un estilo. Y si lo que estudiamos es escribir, es sin duda como aprendemos a escribir; todos los escritores, pensadores, artistas, científicos, ingenieros…, leen todo el tiempo tomando notas. 


A menudo, este proceso de replicación consiente de las estructuras y estilos presentes en lo que se lee. Escuchamos una frase y la repetimos, memorizamos las líneas de una broma o un verso. Esos autores que admiramos tienen la costumbre de ver, de decir al mundo, y cuando levantamos la cabeza de las líneas de una página, es probable que veamos como ellos vieron lo imaginado. 


El diccionario de la Real Academia Española nos dice que imitación es la acción de: “Objeto que imita o copia a otro, normalmente, lo más valioso”. El acto de imitar está bien establecido en la naturaleza. Un ruiseñor toma prestada su canción de los mayores. La raza humana se reproduce a sí misma, al igual que los gatos y los delfines, el Proyecto del Genoma Humano se compromete a trazar un mapa de ese proceso tanto de la imitación en ser sentido biológico, como en su significado del diccionario de copia; una semejanza artificial. Aunque el salmón y el oso polar pueden heredar por instinto sus patrones de comportamiento, aquellos que reproducen el estilo o la forma de otro autor, deben estudiar lo que hacen con arte.


En la música y las artes visuales, la repetición estricta y libre es algo común; tanto el oído como el ojo reconocen las variaciones en un tema. Saludamos el trabajo de otros en un arreglo melódico o una composición estructurada como lo pintó un predecesor, este proceso de cita es familiar. La variación invierte, modula o cambia el ritmo mientras se expresa un motivo musical, es la esencia misma en el jazz. Las técnicas de imitación y su socio silencioso, el mimo, resultan cruciales para el arte del actor, avanzando en el centro del escenario. 


En la mayoría de las formas de rendimiento, de hecho, damos por sentado tales habilidades de imitación de tradiciones creativas, y la expresividad personal puede incluso ser una paso más allá. Es como aprender un oficio, imitando al maestro, un aprendiz en un estudio habría mezclado pintura durante años o limpiado los trapos de barniz y barrido de virutas de madera del suelo para lo que debe haber sido una invitación a imitar y después el joven novel separarse del modelo de estudio y empezar su trabajo, solo por un camino por crear. 


El autor sabe que en la cultura, un autor que admite trabajar de un modo de imitación será acusado de ser de segunda clase. Pero imitar a los genios de la ciencia o la poesía será derivado de admitir que la propia literatura es nuestra aula de aprendizaje, que conforme ganamos maestría nos exigirá lograr un camino original frente a los demás. El escritor debe desplegar una visión de doble mira, el microscopio para cada palabra o frase y el telescopio para unir todo en una textualidad coherente y potente. 



Imagen

Comencé a escribir en una máquina Olivetti, el sonido y las búsquedas de referencias en una prácticamente casi nula existencia de librerías en mi pueblo. Cuando se encargaba un libro, con suerte tardaba en llegar unos cuatro meses. La cosas han cambiado. La computadora en la que compongo este texto tiene capacidad que Gutenberg nunca hubiera imaginado. Hoy en día el Proyecto Gutenberg permite acceso a los lectores a casi todos libros de dominio público y es posible en una tableta llevar una biblioteca de cientos de miles de títulos. Un teléfono inteligente con Kindle proporciona desde la palma de la mano este potencial. Producir una página con control de tipografía, interlineado, sangrías, márgenes y justificar; nos hizo conscientes del leguaje como cantidad física, palabra por palabra nuestra humanidad biológica da manifiesto en forma de erratas, que aún los más poderosos ordenadores de hoy, no pueden librarnos de ellas. La disponibilidad Web de literatura, incluso en pre-imprenta, es asombroso. 


Nos parece que los que somos migrantes digitales, somos conscientes del poder de las herramientas de escritura y consulta de bibliografía moderna, todo a partir de las enormes limitaciones de aquellos tiempos previos al procesador de texto y a la Internet. Hay una manera en que cada autor es un estudiante de lo que pasó antes, y todos nosotros absorbemos el trabajo de los predecesores. Ya sea en el libro en el estante que nos ofrece una impresión encuadernada en papel. En el sentido del objeto intelectual llamado libro, es un formato que nada nuevo bajo el sol es respeto al electrónico. La paradoja en el pronunciamiento emparejado a que el libro clásico desaparecerá, son solo una manifestación de ignorancia o dicho de otra manera, no son lectores de literatura, quizá solo sean técnicos alardeando de un soporte virtual y no sepan cosa alguna de la virtud de la literatura expresada como libro. La línea siempre descendente a la tradición se puede rastrear en las obras de hoy en día, libros recientes que ofrece una nueva versión de textos admirados. Pensemos en el libro de Michael Cunningham “Las horas”, que rinde homenaje a las Señora Virginia Woolf. Sin embargo, cuando el objeto es la fidelidad total a una producción original, el aspecto variará en físico, en este sentido solo hay un solo texto. El lenguaje escrito conservado en la página ya no es una multitud de versiones interpretadas por una multitud de autores en el escenario de producciones interpretativas. Las limitantes son las prácticas en verso, usadas en las traducciones para quien nunca leyó nada en el odio materno de la obra. Los esquemas de rimas se pierden y el patrón estrofaico también. Ya sea que el genero sea poesía, ficción en prosa o disertación, una tarea del profesor de escritura es señalar los antecedentes de la versión de la obra, dado que el estudiante no tiene idea de que se ha probado antes en las generaciones pasadas.


Una metáfora nos dice I.A. Richards en “Practical Criticism[1]” es un cambio, un traspaso de una palabra desde su uso normal hasta un nuevo eso. Es decir, el significado raíz es trasferido de un lugar a otro. Se asume que una palabra ordinaria es empleada para conducir la instrucción en una dirección inesperada. La metáfora es todo el episodio, el vehículo y el tenor, juntos en relación los dos crean la divergencia de sentido. Richards refiere a la palabra ordinaria esperada el tenor, y el inesperado vehículo. El objetivo de la metáfora es traer diferentes asociaciones, connotaciones más dramáticas a la mente del lector. El parecido entre una mujer peinándose y una violinista con el pelo largo negro tocando un paisaje pianisimo en distancia, un pincel no se parece mucho a un arco, pero la reacción visual es lo suficientemente activa como para mantener las dos imágenes juntas. Si las líneas nos hacen imaginar por el momento un mundo diferente al nuestro, mucho mejor. La fuerza de una buena metáfora es dar a algo una vida diferente, una nueva vida. Una metáfora es aún mejor cuanto más se diferencia el vehículo del tenor. Sería un símil si se corresponde consorciado con el tenor en un grado local de semejanza; sería una presunción si la diferencia fuera salvaje, extraña, demasiado de una cosa. Un sustantivo, digamos, por sí mismo, es simplemente lo que es. Está encerrado en su significado local, cualquiera que sea su contexto que considere que es así: una mujer se está cepillando el pelo. El efecto de la metáfora de Eliot es darle vida nueva y extraña, no eliminar la antigua, sino dibujar una nueva imagen a través de ella, la de una mujer con el pelo largo y negro tocando el violín. A la mujer se le ha dado otra vida por el momento. Nosotros también cuando la leemos tal metáfora. 


Nos imaginamos una figura más sombría mirando algo, pensando en la palabra estándar para ello en su lengua que flota en las calles y, sintiéndose triste de que la cosa es simplemente lo que es arte, esto no tiene otra vida para la universidad. Podría haber inventado un símil, pensando que la cosa de escribir era como otra cosa, transcribir, pero eso sería matar su tradición intelectual. No alteraría la vida sustancialmente; simplemente la simulación impulsada con credenciales de calidad. Entonces podría sentirse la escritura impulsada a ir más allá y darle otra vida, tal vez una mayor alegría a su juventud. Sería un gesto atrevido, y dejar de burlarse como es ahora, de la inteligencia. En la escritura se imaginará todo experimento mental. Lo metafórico y lo proposicional son fundamentales para pesar al escribir, y fundamental para el carácter intelectual; que los pensamientos se expanden a través de la escritura, son, como la palabra sugiere, llevados a los estudiantes a hombros de gigantes dentro de la literatura. Los lectores expanden su existencia cuando se encuentran con el universo de justificaciones, explicaciones, demostraciones, cálculos y narraciones. Se puede y se debe decir que leer y escribir son el terreno que lleva al cambio más profundo de la persona en su progreso ético. 


Mira, la mañana, en manto oxidado vestido de clásicos, camino en sus páginas hacia la frontera de las ideas… hablamos de la literatura como una cosa animada de todo lo humano. A veces es difícil distinguir la literatura con la voz literaria del científico o del académico, pero en este caso cada línea, como decía Eliot, nos elevan por un momento más allá del carácter, pero con adaptación de palabras que vienen nuevas, y en ese momento, la transición obedece a las leyes de la música de las ideas. Pero siempre habrá muchas páginas atrás, el fantasma de grandes revoluciones del pensamiento. Decir algo es otra cosa, que obligarnos a pensar en ello de nueva manera, que rara vez no tiene grandes consecuencias para nuestra persona.


La aparente falta de tono de una pieza de texto, trata de testimoniar la objetividad del escritor. El dolor expresado en una elegía era un tono que nos hace creer que el material es verdaderamente sincero y, de nuevo, que el escritor fue empujado al habla por al fuerza de sus sentimientos. Los tonos surgen del contenido, pero también podemos tener un tono que se impone sobre el contenido a convencernos de algo. Esto también es una estrategia. 


Si bien el sentimentalismo es un dispositivo, solemos desconfiar de él porque la emoción fue impuesta desde fuera en el lugar que surja desde su interior. Decimos que tal caso la emoción no es merecida. Encontramos muchos casos de estos que se imponen desde fuera. Una pieza de texto puede ser sobre dramática o sensacional. Una vez que se menciona estas estrategias falsas, entonces muchas se vuelven obvias. Pero hay un tono impuesto más insidioso que es más difícil de detectar y que se ha vuelto común en la poesía contemporánea. Nos referimos a la seriedad. 


¿Qué es la seriedad? Es un tono destinado a convencer al lector de la verdad de los sentimientos del narrador en ausencia de evidencias suficientes. Es un intento de a través de la manipulación del tono para convencer al lector de que el texto es realmente sincero y que el escritor se vio obligado a escribir porque él o ella era capaz de permanecer en silencio. Es una forma de propagación. Pero si analizamos el evento descrito y la descripción del autor de sus emociones y el tono llega a pensarse inmerecido, se impone desde fuera más bien que surge de su interior.


“Tesoros en la habitación; como en un sueño; caminábamos a través de profundas derivas en objetos profundamente silenciosos, temerosos, todo entró como un sueño, un vaso temblaba con mezcal y haciendo el piano atrapado en las manos de amplia mirada; la pena viajó por las teclas blancas”. 


Estos elementos parecen añadidos en lugar de surgidos del contenido. Existe una discrepancia entre el evento y la descripción del evento. El propósito de esto es convencernos de algo sobre lo que el texto no da pruebas suficientes. En la Poética Aristóteles  escribió que la tragedia tiene seis elementos que determinan su calidad: Trama, carácter, dicción, pensamiento, espectáculo y canción. De estos seis llama el espectáculo como el menos artístico y menos conectado porque se impone desde fuera. Un tono impuesto como el sentimentalismo o la seriedad es una forma menor de espectáculo. Es un dispositivo retórico impuesto desde fuera con el fin de convencer al lector del valor de lo que hay dentro. 


El tono si bien resulta del significado de las palabras, también se ve afectado por el sonido de estas. Elementos que enfatizan palabras especificas para la rima, aliteración, la asonancia, la consonancia y el tono; otros, afectan a todo la pieza del texto, como la métrica o longitudes de línea. Claramente estos pueden superponerse. Los saltos de línea pueden enfatizar una palabra que normalmente no se enfatiza. 


Atón Chéjov, quien escribió en una carta a su editor en la primavera de 1888: “Mi trabajo único es tener talento, es decir, saber distinguir el testimonio importante de lo poco importante[2]”. 


Tal vez es solo una especie de tropiezo lo que me impide escribir, lo acumulado de todo lo que sucede, porque estoy igualmente perplejo de tantas muertes por la emergencia COVID-19.  Ya no sé cómo separar lo importante de lo superfluo y, desconcertado e intimidado por todo lo que hay. Es una arbitrariedad que en la obra fallida no he sido capaz de distinguir entre el efecto literario y lo superfluo. Cada la elección entre las palabras, al escribir se elige a ciegas. La verdadera arbitrariedad es la elección sin restricción, elegir sin un sentido de valor o estándar o una sensación de límite, para elegir al azar. Aunque el escritor puede sufrir por esto, lo que sucede es una confusión del valor que damos a lo escrito. No puede decidir que hace con una palabra, una sea mejor que otra, qué ideas o emociones están guiando el todo, y por lo tanto todo parece arbitrario. 


4.2 Pensar desde una palabra elegida 


¿Qué hace que una palabra sea la correcta para un contexto particular? Podríamos decir, que la palabra correcta debe ser parte del sueño de pedidos del autor. En esta composición no se debe permitir ni una sola palabra que se deslice que no esté cargada de intención, que no tiende, directa o indirectamente a completar el diseño premeditado en la imaginación del autor. Pero ¿qué efecto tiene en nuestro sueño sentido? ¿Y cuándo afecta a ese sueño sentido encontrar fuera del trabajo que compone estas piezas de texto: la palabra perfecta?


Escribimos en la privacidad y totalmente envueltos en el mundo. Esta paradoja hace que la literatura sea útil para la conversación, porque significa que incluso el escritor más idiosincrásico puede hablarnos de nuestras vidas. Pero también es lo que hace difícil calcular esta cuestión de la importancia frente al espejo de nuestro tiempo. Si escribiéramos solo en la intimidad y solo para nosotros mismos, entonces la elección de la palabra no importaría. Cualquier palabra podría ser. Pero también escribimos sabiendo que alguien está escuchando. No solo el mundo está escuchando, sino el futuro, es decir, la parte de nosotros mismos que dentro de la sociedad encuentra un lugar de virtud. A menudo, es este conocimiento de alguien escuchando lo que interfiere con la capacidad del escritor para calcular el sentido de valor que controla su trabajo. En lugar de ver la obra en sus términos o tratar de descubrir estos términos, el escritor tiene algunos criterios que influyen en sus decisiones. 


Así que tenemos muchas consideraciones que afectan nuestra elección de una sola palabra. ¿La palabra encaja perfectamente en todo lo que estamos pensando o corrompe? Imaginar una palabra que encaja en todo ¿Es posible hacer esto sin interferencia del superego? Es necesario medir la palabra contra la conciencia, lo que significa discutir y en libertad tomar el riesgo de la elegida. Necesitamos la imagen de un futuro al que queremos ir con la palabra elegida. Es la voz en la cabeza que le gusta imponer valor moral y esta es un área plagada de autoengaños. ¿Nuestra elección es puramente estética? Cuando imaginamos una palabra que es aceptada o rechazada por el mundo, es decir, por un lector imaginario, siempre estamos en el área de una posible intromisión psicológica. La confusión que proviene de la ansiedad conduce a la sensación de arbitrariedad, no sentimos incapaces de elegir la palabra correcta o incluso lo que significa palabra correcta. 


Si tememos que el lector rechace una palabra, ¿es porque la palabra no encaja en el todo, o porque la palabra viola algún sistema de valor o idea de límite contextual? ¿La palabra es potencialmente sentimental, estridente, abstracta, obscena, sexista? Esas categorías afectan el tono de nuestro escrito. ¿Hay alguna manera de que la palabra haya hecho inaceptable el tono de la pieza de texto diseñada? Cuando un escritor rechaza una palabra, ¿en qué medida está dudando del esfuerzo de investigar por parte del lector y participa en la autocensura? ¿Y cuál es el miedo del escritor a elevar el vocabulario del lector? 


Tal vez el miedo es doble. Tal vez no es solo el temor de que la obra sea rechazada, es un temor que el Yo sea rechazado. ¿Hasta qué punto el escritor teme que se le encuentre carente no solo como escritor, sino como ser humano? ¿Hasta dónde la libertad de conciencia académica y científica se censura ante el temor a que la autoridad se pudiera confundir en la actividad crítica o subversiva?


Desafortunadamente, las consideraciones que afectan a la elección de una sola palabra pueden ocurrir en una fracción de segundo. Lo psicológico se mezcla con la estética y no es fácil mantenerlos separados, y luego, tal vez, no se puede mantener separados por completo cuando la pieza de texto genera irritación, frivolidad o indiferencia del lector. 


Además, a pesar de que estamos utilizando la palabra individual podríamos decir lo mismo sobre la imagen, la idea, la descripción, la frase, el párrafo…, completos. ¿Qué nos permite sentir que nuestra decisión de elección de una palabra es la correcta? 


Cuando escribimos imaginamos la respuesta de un lector al que tenemos en mente. Pensamos en un lector porque constantemente jugamos a la claridad y el posible efecto del lenguaje, la imagen, la idea de lo que pudo entender un lector responsable de gestionar la gramática, el puntuado, la semántica y la lógica necesaria para la interpretación. ¿Cuáles son las expectativas del lector? Naturalmente, los escritores queremos ser interpretados. Después de todo, estamos comprometidos en garantizar la racionalidad de todo texto, la comunicación de toda textualidad. Pero más que palabras sean convincentes, más allá de eso, tal vez lo más importante es desear evitar el desacuerdo y la desaprobación del lector. Provocar que el lector abandone el acto de interpretación en medio de una frase, no solo de corregir la ortografía, las erratas, sino de trabajar una estrategia metacognitiva de la narración. En ciencia podría ser antecedentes, problemas, métodos, soluciones; en novela, apertura, desarrollos nudos y desenlace. El efecto de estas estrategias mantiene el interés de que cada página sorprenda al lector y mantenga su interés en llegar al final. 


En nuestro criterio, no es trabajo del escritor resolver problemas como un Dios que crea un texto para el mínimo esfuerzo de interpretación del lector. En condiciones de virtud, un escritor no está destinado a ser un juez de su idea del lector, su único trabajo es ser un testigo imparcial de un viaje audaz en el conocimiento original.


Lo literario en su poesía, lo ontológico en su disertación, la gramática en su rigor normativo, la narrativa como medio, son más importantes que lo que la gente piense sobre la pieza de texto final. Este argumento lo compartimos con la libertad de Chekhov[3].


Por favor, elige una palabra que sintetice toda tu vida, y compártela con nosotros junto con el ¿por qué? Este es un gran ejercicio de escritura…


El escritor no puede rechazar del todo la subjetividad cotidiana, se vuelve pecaminoso al caer en el intelectual comprometido de Sartre: una lucha ideológica


El superego, ambiciones que se encuentran fuera de la obra intelectual y sus deseos de tener algún tipo de respuesta del mundo. Todos son destructivos del arte de escribir literatura. También debe ser claro que la literatura a diferencia de lo expresado por Sartre, no es ninguna propaganda ideológica comprometida. La intromisión del superego provoca corromper el arte de escribir, colorea las palabras, establece relaciones dinámicas entre sí, con la ambición de su creador de que el texto funcione como destructor del mundo de su adversario.  


El escritor mide la palabra contra la obra, no controla el diseño premeditado del superego. El escritor también mide la palabra en contra de su superego y ambiciones para la obra. El escritor mide la palabra en contra de la posible respuesta del mundo. He aquí un estado dando respuesta en lugar de formular cuidadosamente la pregunta, que es “¿Cómo vivimos?” Tratado de ganar simpatía con el lector el escritor calcula lo que es importante para inmiscuirse en su intuición y sorprenderlo. Así como para un químico no hay nada impuro en la tierra, el escritor debe ser tan objetivo como para liberarse de la subjetividad cotidiana y reconocer que el arte de pesar lo literario responde a crear un paisaje donde las pasiones son tanto parte de la vida como las de las razones. La naturaleza humana es imperfecta en lo absoluto, no está libre de propio superego, libre de temor a la desaprobación del lector, la marginación por no acomodar su obra en el convenientemente político. El arte de pensar al escribir, es liberarse de su temor a comprometer su reputación. La percepción artística tiene que superar hasta el punto de darse cuenta de que incluso algo horrible, una errata, no parece más repugnante que ser un ser humano imperfecto. Así que el artista creativo en las letras no puede elegir expulsar de su ser el “pecaminoso” camino del superego[4].


4.4 La autocensura 


Dar la espalda a un tema en particular o una selección de palabras, ¿no proviene de valores psicológicos, tal vez políticos más que estéticos? ¿No teme el escritor al superego y a la respuesta del lector? Alternativamente, el escritor puede querer complacer o ganar favor o impresionar ser aprobado. Están bien las preocupaciones psicológicas que destruyen el trabajo de escribir. Esto no es una cuestión de claridad, si el lector entiende o no, sino de una falsa moralidad, si el lector aprueba o desaprueba. Toda la literatura es una forma de escapar de la política, ya sea que el escritor esté respondiendo a una puesta de sol o expresando indignación por las muchas injusticias del mundo. 


Es político el acto de escribir, porque no solo nos hace consistentes del mundo, nos ayuda a vivir dentro de él. Pero se puede hacer una distinción entre lo político y lo partidista. Esta es una distinción que escuchamos por primera vez hecha por el poeta Juan Aleshire: lo político es una arte de hacer preguntas y actuar dando respuestas, lo partidista es una forma de someter la creatividad y hablar para ellos, convencido de su verdad o intimidado por su represión. La dificultad es que si bien el partidismo detecta ser adversario o aleado, lo político crea una obra con el propósito declarado de buscar progreso ético, escribe algo que intenta, incluso en parte, gana la aprobación del lector. 


Si volvemos a la razón por la que una palabra se elige en lugar de otra, podemos hacer una distinción entre decisiones internas y externas en cuanto a lo que importa. Por interno, nos referimos a lo que funciona en la página, lo que funciona dentro del diseño, la actividad que ocurre entre las propias palabras. Lo externo es todo lo que está fuera de la obra como un mar que la recibe, la filosofía, la ciencia, la academia…, las limitaciones intelectuales, las ambiciones que el escritor tiene por la obra, la subjetividad cotidiana, lo que viene después de la escritura y la lectura: los galardones, recompensas y castigos. El escritor elige una palabra porque es correcta dentro de la obra o correcta fuera de la obra. 


Como profesor admito, que las piezas de texto de los estudiantes son a menudo más originales que los escritores graduados, a pesar de que pueden ser terribles en sus otras maneras. El escritor aún no ha dicho lo que puede o no hacer y ser, ese es un estudiante universitario. Tampoco el escritor en su maravillosa modestia, es consciente de que  alguien está  escuchando. Pero los escritores graduados han desarrollado los comienzos del sistema de escritura científico en el sentido crítico. Están decididos a aprender reglas y tratar de no salirse de los rieles. Buscan modelos de disertación. Desarrollan un estándar normativo, que afecta a sus opciones estéticas en su arte de pensar. La cuestión de lo que es importante y sin importancia está influenciado por la forma en que su trabajo será visto por otros y no por explorar lo desconocido tomando riegos. El trabajo se vuelve aburrido en el posgrado cuando de escribir se trata, justo porque no se da la libertad del arte de pensar al escribir.


Hay beneficios que se derivan de los seminarios de posgrado, ayudan al escritor a ganar objetividad, y ayudan a detectar lecturas alternativas e involuntarias para discernir el arte del estilo literario académico y disciplinar. También ayuda al escritor a quitarse de la cabeza, de que escribir es informar, cuando es el arte de pensar dentro de un estilo inscrito en una tradición intelectual. Poner dentro de la página el poder de explicar, fundamentar, categorizar, demostrar, calcular, narrar…, pero, los procesos de escritura creativa también son una forma de conservar la humildad en la medida que se crean borradores y se ejercen correcciones, precisiones de pares y la sensación de que cada nuevo borrador es estar más cerca de una obra publicable.  


Los escritores maduran sin que nadie les diga lo que pueden hacer y no, la propia lectura dentro de los héroes de las letras y los números son su más crítico referente. Muchos escritores universitarios intentan escribir dentro de una tradición, su potencial  bajo una restricción intelectual y psicológica es limitado por una sensación de ser corregidos. Hoy en día apenas sabemos sus nombres dentro de tantas revistas especializadas. Es muy difícil juzgar la escritura universitaria moderna. Por un lado, se escribe más para la propia comunidad internacional de la disciplina y en menor medida para la comunidad universitaria local. Esto se convierte en un filtro que colorea todo lo que leemos. Por otro lado, leemos la obra a través de nuestro propio contexto histórico. Reconocemos las referencias que son verdaderas a la frontera del conocimiento de nuestro tiempo, incluso los silencios por el temor de no tener evidencia firme. La escritura cuyos límites nunca se fijan, que siempre parece expandirse. 


El principal problema de convertir la realidad del mundo en lenguaje, es que esto, bueno: es imposible. La palabra es siempre es menos que lo que está destinada a representar. No importa cuán complicado, exacto, objetivo y hermoso sea el lenguaje, simple es una disminución de la realidad descrita. En la ciencia importa mucho el fondo de un evento, es distinto en algún grado de incertidumbre a lo real del evento en sí. Pero la buena poesía y la buena ciencia tratan de hechos y emociones entre razones de lo humano; propósito que no es solo dar al lector una idea de emociones y objetividad; es también dejar que el lector entre en nuestra mente y experimente lo más directo posible nuestro esfuerzo por hacer más allá los límites del conocimiento. Eso es más complicado de lo que se piensa cuando solo lo escolar enseña el sistema de gramática, puntuado, ortografía y una lectura descuidada en la riqueza de su estructura. 


Pero cualquier esfuerzo que se convierta en pasión, no es un juego, se convierte en un propósito de vida. Es un descubrimiento “humillante” para nuestro superego que se asume muy poco modesto frente a la sabiduría de la poesía y el arte de pensar el estilo científico. En este punto, el ego no es una herramienta, sino un accesorio molesto, algo que a menudo se enreda entre nuestra escritura y el Yo. El escritor permanece separado. Puede haber grupos de poeta, clubes, asociaciones y sindicatos, pero la procacidad y particularidad de la escritura, está profundamente asentada en el individuo y utiliza tantos aspectos diferentes de su personalidad que nos hace extraños incluso para los amigos. 


Hay momentos, sin embargo, cuando uno completa una pieza de texto, que parece tan perfecta, tan completa y que abarca ideas y emociones fugaces sobre un tema en particular, y expresado en estilo único, que electrifica para ser la misma iluminación de un orgasmo. Pero, más tarde en su socialización, esto no dura. Aún así, creemos que cualquier escritor estudiante o profesional seguirá esperando que en breve se de un momento entre la lectura y la respuesta del lector de alguna clase, y en ese momento “cambie todo su destino”. Con los años, esta expectativa disminuye, pero nunca desaparece por completo. 


Nos gusta decir que lo primero que debe hacer un escritor recién llegado, es tratar el proceso de revisión de su propia propensión al autoengaño. Necesitamos ver qué hay en el proceso creativo sin interferir con él. Esto también es una cuestión de humildad. Debemos también decir que es una cuestión de despojarse del ego, sino también de las opiniones y prejuicios psicológicos de personas criticas que ni siquiera son lectores permanentes. Escribamos pues, sobre nuestra propia pecaminosa, en el acto de escribir, aceptemos que la gramática, el puntuado y la ortografía las aprendimos de manera descuidada; en lugar de tener solo el sentido de sí mismo, en lugar de censurar nuestras limitaciones o incluso más terrible cometer plagio. Al escribir su propia pecaminosa situación en la escritura, nos alejamos del autoengaño, significa buscar un sentido del arte en la totalidad de la literatura. Es difícil aprender un oficio cuando a menudo preferimos divertirnos en algo sin esfuerzo. Hay que hacer concesiones por el arte de pensar. Rilke, dice que el escritor novel debe elegir la vida alienada o la obra original libre que se abre camino[5]; a veces en en la ferocidad del mundo y en su ruido que aturde, debe encontrar su habitación propia, exclusión de ese mundo que parece un monstruo que se come la creatividad. Rilke, cuando moría de cáncer a los 51 años, se negaba tomar medicamentos para el dolor, por temor a nublarse en sus pensamientos y extraviar su escritura. 


Cuando comenzamos a escribir, nos comprometimos cada día más en ser miembros contribuyentes de la gran comunidad formada por héroes del pensamiento. En esta comunidad serás notado, odiado y amado. Te ganarás una voz para hablar al mundo y ser digno de escucha. Lo harás para hacer de tu trabajo un placer. Lo harás para hacer retroceder la noche. Lo haces cada día para hacerte de mejores razones. Entonces esas razones te harán desaparecer al viejo tú, y desde la más tenue conexión con las mentes clásicas de la literatura, te enviará con su delgado cordón de seguridad lejos de la vida corriente. Nos gusta pensar que el mundo necesita poetas y científicos, pero sea cual sea el caso esta alternativa es la más intensa vida justo antes de la muerte inevitable. Esta conexión con la literatura, es por la que escribimos aquí, hoy en día bastantes personas ya no viven en ella. La alternativa no es la muerte, sino el solipsismo 


Leer a Paz, Shakespeare, Hawking…, no se trata de quien es mejor, se trata de educar y aprender disfrutar en el paladar de la lectura. En términos de lectura, el escritor debe ser un gourmand. Esta no es la lectura de un erudito, aunque los científicos y poetas también pueden ser eruditos, pero la lectura de alguien que se inunda a sí mismo con imágenes profundas del mundo; leyó para crear significado, desafiar  sus propias ideas y permitirse entrar en las mentes de otros. 


Nadezhda Mandelstan, escritor del mundo ruso a principios del siglo XX, expresaba a la juventud: “pequeños grupos de jóvenes artistas y escritores, con sus manifiestos extravagantes y ridículos que aman con escándalo, son probablemente lo mejor, si no la única manera, de establecer nuevas direcciones… ver una mancha de luz lejana y caminar hacia ella es mucho más fácil sin estar en manada y con amigos de embriagues de vulgaridad perezosa”.   


Ciertamente muchos escritores tienen un deseo apasionante por publicar, tan grande que olvidan, es algo segundo en su apasionado deseo de escribir. La relación no es causal. El placer que recibe y aún así recibe, cuando una pieza de texto se siente terminada es total, y solo después imagina lectores golpeando todo sus frentes. Este placer no depende necesariamente de la calidad del texto. Incluso las peores piezas de texto nos hacen experimentar el tipo de cosas como en la Peste de Camus, que reescribe la frase inicial de su novela una y otra vez, puede ser tonto, pero él también es consumidor de su propia pasión. 

 

“Mi idea de escritura se puede resumir en una frase. Uno ha de escribir para los jóvenes de su generación, los críticos de la siguiente, y los maestros de la escuela de todas las generaciones”. F. Scott Fitzgerald. Carta a la Asociación de libreros, 1920, Letters, pp.477-478


“El género humano no puede soportar un exceso de realidad” T.S. Eliot. Si alguien de ustedes perdió una vez su sombra, por favor de acudir a crear sombras de letras en una página en blanco. Un verdadero escritor no tiene porque ser un buen escritor, y esa persona feliz seguiría pensando, imaginando, soñando y apasionado aunque esté en el finito del universo. Escribir una pieza de texto es una de las formas y hormonas de amar al mundo, que es algo que el tipo de ciencia o poesía no entendió en las aulas aburridas. Seguramente, si no amara el mundo, no me molestara en escribir estas líneas aquí. María Zambrano, acostumbraba decir, inventa una justificación todo aquel que ha escrito… el sacrificio del escritor, es para Zambrano el fondo último de nuestra propia historia y resorte de creatividad. Roberto Bolaño, convencido de que un poeta es incorruptible, solo por el hecho de que es la única profesión que no tiene ningún valor laboral y mercantil. El escritor universitario, en cada pieza de texto, mostrándonos que otros seres humanos pueden sentir exactamente como nosotros la injusticia, educa nuestro sentido de empatía y nos enseña a vivir en una sociedad. El arte es muy opuesto al sociópata. Un escritor universitario siempre da testimonio del mundo y ese acto tiene el potencial del aumentar sin caer el propio sentido del mundo. En la Guerra y la Paz de Tostoi no solo nos da la percepción más aguda de la invasión de Napoleón a Rusia y el ala de Moscú, sino que también nos muestra las interacciones de las personas y la intensidad de sentir hasta los niveles más pequeños la rebeldía de la juventud. ¿Cómo es posible no leer esta novela y encontrarse dentro de sus páginas la elegancia de ser rebelde? Lo que hace que los seres humanos sean diferentes de cualquier otra criatura es su sentido de la posibilidad. Podemos especular sobre cosas que no existen, desde las imaginaciones más salvajes y surrealistas hasta vacunas para enfermedades imposibles. Esto, así como arte de escribir el sueño y el humor, es un producto del cerebro derecho. El cerebro izquierdo puede analizar, pero no puede imaginarlo sino sentirlo. Puede esta metáfora lógicamente hipotetizar que escribir es una completa totalidad de significado en la que moramos y seguimos aprendiendo al considerar sus implicaciones.


A los aforismos los llamamos palabra, aunque la palabra, es una bolsa de papel que contiene un océano difícil de abarcar en su complejidad. La palabra deriva del griego “definición”, pero ningún aforismo declara su significado como directo y lógicamente como silogismo; más bien ofrece su significado a través de otras palabras, imágenes y espacios de sentido. La palabra “metáfora” proviene del griego “trasferir” o “llevar a través”; es decir, una cosa se utiliza para significar otra. Tenemos que pensar en la metáfora, como imaginar sus posibilidades. Luego hay una paradoja: lo entendemos todo a la vez, pero sigue devolviendo sentido. Más importante aún, por lo que decimos, es el producto del cerebro reflexivo. La función más práctica del arte de escribir, es expandir nuestro sentido de la posibilidad, que es la fuente de todo descubrimiento. Al sacar de la educación el español escrito con propósitos creativos, dejamos el arte fuera de la ciencia, la ingeniería y, de la vida original de toda persona.


Acercarse a el camino de escribir, comienza con el amor a la lectura lenta, en la que sonidos se golpean unos a otros, las vacilaciones en las discusiones, la fiebre de los estilos de pensar, el desenredado de la sintaxis y la yuxtaposición de significados. Pero para seguir por el camino del escritor universitario, hay que preguntarse ¿Qué soportará la carga de todo el ruido de la sociedad?¿Cómo descubrir primero al escritor pensante y luego acercarse a temas de investigación académica? 


Tal vez todos creemos que tenemos una historia de contar, un argumento que hacer. Tal vez alguien se convierte a la escritura porque no ve otra salida, o por la idea burbujeando que por dentro se antoja como vía para pertenecer a una elite. El primer trabajo de Pablo Neruda fue un ensayo llamado “Entusiasmo y perseverancia”, que apareció en el periódico de su ciudad natal cuando tenía trece años. Neruda se sentía como un forastero en su familia. Su madre, una maestra de escuela, murió dos meses después de que él naciera. Su padre, trabajador en ferrocarriles, tenía una opinión baja de la escritura y la literatura, mientras que la ciudad en que vivían, Temaco en el sur de Chile, todavía es una ciudad fronteriza áspera. El confidente principal de Neruda se convirtió la hoja de papel. 


Cualquier cosa que conduzca a la aguda sensación de querer ser diferente y la sensación de que su voz natural ha sido sofocada por la pobreza. Pero puede que no sea ninguna de estas, pero puede encontrar razones para ser un héroe del conocimiento. James Dickey dijo una vez en una entrevista, que comenzó a escribir poesía mientras servía en un escuadrón de cazas nocturnos en la segunda guerra mundial. Había estado escribiendo cartas de amor a varias mujeres, pero vio que era inspirador hacerlo, así decidió dedicar una vida a escribir.


El tema de una pieza de texto no es simplemente su contenido, en la forma en que se puede decir que una pieza tiene un contenido, es su anunciado dado por su título. El tema es también la forma de contar, su mensaje y cómo se presenta ese lenguaje. En los mejores libros, la materia y la manera de llevarla al desarrollo es la composición de piezas como cantidades de información y como partes de la planificación. También se podría decir que el escritor no está escribiendo un poema, sino algo más, o simplemente está escribiendo un mal poema, especialmente si definimos una condición de la poesía como combinación de inventar un estilo, abordar un problema y desarrollar una posibilidad. Esto no significa que el texto debe ser un lenguaje rico y ruidoso, la forma y el contenido están completamente unidos, bajo el paraguas de su estética y en la razón que conlleva, pero sería un error pensar que sus poemas eran fáciles de escribir o fáciles de imitar. 


Uno no lee un buen libro por la suma de sus contenidos, su núcleo en verdad pesa, por toda la experiencia de la cual el significado da forma solo a una parte. La lectura no es un medio para un fin, es un momento de epifanía en sí mismo en que la mente es un laboratorio de significado. La razón que dio origen a la articulación del texto, emerge del conjunto, se integra en toda la experiencia de su textualidad. Su significado no es una respuesta aritmética, como dos más dos son cuatro. Lo literario es un ensayo mental, no se puede parafrasear, siempre es más que la suma de sus partes. Una de las exigencias de la buena literatura, es que debe tener una apariencia de espontaneidad que crea la impresión de que el texto fue arrojado completamente formado en un momento de inspiración. Cualquier signo de andamios del diseño, podría poner en peligro su credibilidad. 


Para el novel escritor, el requisito de aparente espontaneidad puede conducirlo a dar la impresión de que la literatura solo es un vehículo, cuando en realidad es el arte de pensar y sentir al escribir. Es una experiencia donde el propio proceso creativo no es solo narrar. El escritor que me hizo ver que la forma y el contenido tenían que tener la misma cantidad de trabajo de diseño, fue el Octavio Paz. Ciertamente sabía que esa forma llevaba información sobre el desafío de problemas, donde la pieza de texto es más que la suma de sus partes, es un pequeño paso a donde nadie ha explorado. La importancia de un texto, es esencialmente el arte de pensar, afirmarse en un lenguaje discursivo cuidado. Una obra literaria académica, científica o de ficción, por lo tanto, es en sí misma un símbolo que apunta más allá de sí misma, para que el pensamiento pase del concepto al símbolo. La idea permanece atada en la forma que hace concebible el diseño y las experiencias del ensayo mental de las ideas. Símbolo es la idea enlaza en forma y contenido, con una conexión potente para mover la reflexión humana. 


La naturaleza de la expresividad del texto literario, se experimenta principalmente en los ritmos del pensar y en los sonidos del eco de las palabras. El lenguaje no es solo un vehículo de comunicación de la idea; permanecemos dentro del símbolo para experimentar la totalidad del efecto literario ético, emocional y estético. Uno podría señalar otros elementos formales; por ejemplo, aliteración y rimo interno de las metáforas; generalizaciones teóricas o evidencia local en proporciones; parafraseando de frases, cláusulas sementadas por operadores modales…, La sintaxis para dilatar en la narrativa el significado más importante; impresión gradual del descubrimiento del lector. La falta de métrica contribuye al sentido de espontaneidad y verosimilitud del texto, pero estrés retórico crea al texto al modo que parezca disertación profunda. Estamos al escribir dirigiéndonos a personas que, curiosamente, aún no existen en el momento del diseño. Lo que hacemos en la disertación es justificar y apoyar o atacar la tesis. Luego se presenta evidencia para apoyar con operadores de inferencia algunas conclusiones. Las proposiciones de evidencia no son del pensamiento discursivo, pero son consecuencia para el discurso sin duda alguna. 


La estructura paralela de sentencias, la acumulación de proposiciones, el misterio interno de la discusión, el jugar en la frontera del sinsentido, para desatar sorpresas para el lector. El ritmo lleva también abruptas palabras, que de hecho despiertan el contraste en el flujo del discurso, conduciendo la narrativa a elementos de sorpresa, entre saltos de párrafos. A veces las discusiones son rodar las justificaciones y para luego volver a la oscuridad de la ignorancia. 


Las lineas de más de 15 palabras crean un movimiento causal que juntos con las cortas, intentan hacer promulgar declaraciones usando un ritmo de larga y corta duración. 


Largo duración:

“Soy un hombre que, paseando de largo sin detenerse por completo, se vuelve una mirada sobre ti y luego evita tu rostro”.

Corta duración:

“Eso. Eso fue. Así empezó. Eso es. Continúa. Se mueve. Más allá. Nace. Deviene eso y eso y eso. Sigue más allá de eso. Deviene otra cosa. Deviene más. Combina otra con más, y sigue dividiendo otra cosa y más. Si fue más allá de eso. Deviene algo. Algo incesantemente más nuevo[6]”. 


4.5 Privilegio de acercarse a ella


El cambio en la sintaxis y el ritmo, el uso de sílabas y palabras cortas aumentan la velocidad en la línea y, la rima interna nos sorprende inconsciente en su lectura. Mientras usamos un ritmo descendente (rediciendo la longitud de las sentencias), con terminación de palabras tónicas; y aunque la línea siguiente sea anancástica (impulsiva), el ritmo pasado encuentra saltos que despiertan intensidad. Esta musicalidad de presentar el pensamiento tiene un efecto de matiz rítmico y de sonido del texto.  


Por ejemplo:


La fuerza detrás de todo texto


La personalidad es el cambio que me ocurre, cuando reflexiono dentro la lectura lenta. El vocabulario es este cambio. Me ocurre a mí. Murmullo inteligente. Inocencia que acaricia. Dejo de estar ciego en algo entre dos. Libro y hombre. Unidos. Conexión en estados del pensamiento. Sombras intermedias enmascaradas inadvertidas en páginas de laminas infinitesimales. De esa manera me acostumbro a estar vivo dentro de la literatura. Nos da color. Vive entre mis manos. Se asesina un poco de ignorancia. Leer. Colocar una imagen que se pinta y delinea. Al final regreso al mundo lentamente. Los sentidos. Hasta mí Yo se reorganizó distinto. Los libros crearon un camino. Este refugio es para todos. Aquí no hay, alucinación. Hay oportunidades de futuro para los que la educación actual les enterró sus esperanzas. Palabras de humo que ahora son voz poderosa. Un comienzo en el final de todo pensamiento. En la última página ya somos tú y yo.


Carpintero de letras


Lo que también notamos en esta pieza de texto diseñado con un ritmo de pensamiento deliberadamente controlando en la velocidad de reflexión y su musicalidad. Es que el significado no nos llega solo de las palabras. La forma y lo natural del discurso nos ayuda a convencernos de la sinceridad del escritor. Sin embargo, los textos se mueven de manera diferente, el estado de ánimo inicial del texto, sugiere una clara atención casual. Vaga un poco, como la hacía Whitman. Pero al modo de Blake aumenta la energía del texto y concluye con una declaración de furiosa indignación moral. Se inició con comandos fuertes, que gradualmente se calman hasta establecer la conexión con la tesis. No es simplemente el significado de las palabras que describen este movimiento, sino también nos permite experimentar la imaginación. Lo que esta pieza de diseño discursivo ejemplifica, es la forma, la métrica de velocidad, el tono para discutir el tema para ser reconocido y dejar algo anclado en la memoria emocional del lector.


4.6 Te invito a escribir en un segundo idioma, el literario 


Uno escribe porque es incapaz de permanecer en silencio en la vida y, por el deseo de crear algo. También se escribe a partir de un sentido de aprender algo, que es la fuerza detrás de todo arte. La ciencia puede existir en nosotros si aprendemos el arte de pensar al escribir. Una necesidad emocional por explorar, un sentido de existir uno al lado del otro con voz propia, tomando café y haciendo una nueva revolución. Encontramos el juego en el propio artificio del lenguaje, en la disposición de palabras, sonidos, velocidades, arquitecturas de sentencias, cláusulas, frases, metáforas. La presencia de la obra no significa la frialdad de la disertación, no sustituye la seriedad del ser humano. El error, la errata, los límites de nuestra razón, lo cautivo de las emociones, todo juega en la psicología del acto de escribir. 


Si bien el juego del escritor, está en la elección de la palabra, también, existe en la forma del ritmo: un efecto literario. Invita a seguir a otra nueva frase, otro nuevo párrafo, a otra nueva página, capítulo, libro o tradición intelectual. El elemento cómico, trágico, melancólico y de alegría, son propósitos serios para subrayar la complejidad del desafío de la experiencia psicológica en el texto. Aquí un texto es un juego de diseño de pensamientos, sorpresas y el ensayo de emociones. El texto traduce al lector en otra posibilidad de su virtud. 


4.7 Una breve historia en el cubículo universitario


Nunca olvidaré aquella tarde en la universidad, mi mentor y mi borrador de disertación. Por lo mucho que me angustiaba la posibilidad de que el texto no alcanzara el decoro de ser considerado literatura. Así comenzó la tarde en aquel cubículo universitario de un mes de Julio del 2020. Sobre el lenguaje de parafraseo de referencias y el ensamblaje de razonamientos, es el intento equivalente a hacernos de un segundo estilo de pensamiento, es una aproximación áspera del borrador con erratas invisibles y a veces mala prosa. La forma creyó el mentor, es la propia de una trabajo serio. Pero los nervios del exigente oyente de mis letras, sentado frente a nosotros, nos mordíamos las puntas de los dedos mientras balanceando su lápiz garabatea notas, subraya frases y cuestiona lo relevante y vigente de las referencias. Balanceaba mi mentor un pie con una velocidad desconcertante. Al final de una hora, me arrebató todo el manuscrito pasando varias páginas y con el archivo electrónico mientras lo colocó en software para identificar plagio, todo lo observó con un gesto muy enérgico.


Dijo, -olvídate de las erratas y descuidos gramaticales, concéntrate en el discurso y el flujo de tus conclusiones. Ese párrafo hay que quitarlo, esta página no aporta nada sustantivo a la discusión, tu justificación es necesaria profundizarla en la literatura disponible…, empieza tres líneas más tarde de este argumento -con tono airado-, añadiendo autores que hay que revisar para clarificar las ideas. ¡Ay!, hazme el favor de escribir con claridad y objetividad. La coherencia de este apartado es desastrosa y tu posición frente a las ideas es ambigua y le falta contundencia a tus justificaciones. No te comas el puntuado y atento al tono del discurso. Pronuncias términos del hombre común y no haces uso de los especializados del propio campo de estudio. 


Poco nos faltó para salir llorando del juicio sobre nuestro manuscrito borrador. Lo que tenemos de la expresividad del mentor revisor, es la sensibilidad humana al tipo de imágenes argumentales y la gama de habilidades intelectuales de escritura y metodológicas. Al paso de varios minutos, los nervios nos levantan de esta situación con el compromiso de atender las recomendaciones y sugerencias del mentor. Al final de hora y media, solevanto el profesor; me dijo, usando la frase: espero cuente con el coraje y la determinación de investigar y mejorar sus pensamientos. Pasarían días de arduo trabajo y consultas en líneas para crear un nuevo borrador, una versión mejorada del manuscrito revisado. Me bastó su mirada de carácter fuerte sobre las ideas para darme cuenta que, el oficio de aprender a escribir conlleva encontrarnos con aspectos de sorpresa, donde la composición de la narrativa de las ideas no se construye de manera lineal. Sin una prosa clara y un mínimo de cuidado de lo ortográfico y el puntuado, nuestra escritura será una empresa incierta y nuestra lectura descuidada e irreflexiva puede que nos conduzca al precipicio de la incompetencia.


Tras un largo proceso de reflexión, decidí que pese a todo, mi desempeño intelectual dependía del contrastar los consejos y sugerencias con un real esfuerzo, atendiendo la escritura coherente y la lectura lenta, haciendo preguntas en medio del proceso a la luz de la literatura consagrada. 


4.8 Escribir es un asunto de caminar por acantilados 


Si un texto no desafía nuestra postura y complacencia, si no hace sentir el peligro de perder el sentido, entonces, su aburrimiento de expresión conducirá a la pérdida de nuestra atención. Un texto completo que hace intimidad, ese momento que todos hemos experimentado repentinamente y cercano a otra mente humana en la literatura, que luego desaparece más allá de nosotros. Es un momento especial con la intimidad, cuando lo más probable es que ningún otro tiempo volvamos a ver a la obra de ese mismo modo. Somos cuando escribimos, paseando sin parar completamente, se vuelve una mirada casual sobre lo imaginado y luego nos evita su rostro, dejando letras para probarlo y definirlo esperando madure o sea desechado. Escribir nos saca de nuestra propia existencia, se declara intensamente por instantes y luego desaparece, como esperando crear una sorpresa a la conciencia humana. 


El enfoque de la prosa es inductivo más que deductivo. Se nos da una serie de piezas de información, y de ellas inferimos un todo. Esto se debe a que es necesario, como escribieron los escritores rusos, el texto es un evento en la página en lugar de referirse a algo fuera de la página. En la mayoría de los casos, tenemos que tener un sentido del texto que tiene lugar ante nosotros para que sea una representación simbólica de la realidad. Tiene que promulgar algo, en lugar de referirse a algo. Los escritores están todo el tiempo eligiendo una frase sobre lo imaginado, no por afición por escribir, sino porque querían un símbolo de intercambio humano común y necesitaban un vehículo para llevar sus ideas. La escritura real puede ocurrir en medio de la incertidumbre, dado que es un recorrido original sin precedente. A diferencia de la novela, el texto académico no refiere a los acontecimientos, sino a la fidelidad de las ideas y las emociones necesarias para el aprendizaje. El evento que despierta una pieza de texto tiene que tener un valor por sí mismo. Es más importante que se comporte inusual, un evento, narrado, un pretexto que sirve para dar vida a una seria de invenciones de abstracción. A través de estos detalles, su método inductivo, así como su tema, es capaz de acceder a la imaginación del lector y al interés en saber adónde conlleva seguir párrafo a párrafo la lectura lenta. 


Vamos al texto por placer, distracción, sustento y la aprensión de la vida sentida. Vamos a expandir nuestra experiencia moral del mundo, para entrar en contacto con lo bello, que el heroísmo del pensamiento…, vamos a encontrar algo más perfecto que nosotros mismos, para encontrar una relación elegante en todos los argumentos, palabras y el arte de razonar en el mar de la incertidumbre y la ignorancia. Experimentaremos en la literatura, unas estructuras particularmente armoniosas y orgánicas, una cierta evocación o significado emocional, una agrupación de metáforas o alusiones, y vamos al arte para involucrarnos con la forma de presentar el conocimiento. Nos adentramos por curiosidad, en la lectura nos olvidamos de nosotros mismos, al ir más allá de nosotros mismos renovamos nuestra experiencia intelectual.


Al leer vamos por el conocimiento. La mayoría de estos elementos necesitan encontrar en mayor o menor grado una experiencia de conocimiento. Cuando fundamentos, evidencias, discusiones, explicaciones, demostraciones, categorías, cálculos son dentro de una conversación (narrativa) trabajados juntos, estos elementos tienen la capacidad de sacarnos de nuestra complacencia en los dogmas y hacernos preguntas. ¿Cómo se vive leer y escribir? Como un arte que nos empuja hacia un sistema de preguntas que nos permiten convincentemente unificar el sentido de textualidad y nuestros criterios para el gran estilo de pensamiento científico y poético. Y cuando una obra de arte falla porque algunos de estos elementos faltan o se realizaron mal, es posible que el lector deserte de la obra. 


Toda literatura deja un “puedo ser” justo antes de mi muerte; todo encuentro con las letras es una resurrección. 


Tener algo que decir; nos exige decirlo bajo límites bastantes estrictos de forma y espacio de significado; para decirlo con fuerza se debe superar una prosa monótona. La materia escrita, a medida que se desarrolla a partir de una intuición no verbal en la lenta unión de la forma y el contenido, trata de fijar estos pensamientos en piezas de texto, juntas trabajando un asunto. Asunto es el término u objeto de estudio, como tal una simplificación de un objeto vacío que es necesario llenar del más audaz sentido. Así disminuyendo la complejidad del tema, pieza a pieza de texto; tenemos que hacerlo así para cualquier tema, pero necesitamos conocer las limitaciones impuestas por la simplificación de la intuición. Cuanto más simplificamos, nuestras preguntas y alcance, más aumentamos la profundidad de nuestra escritura en respuesta a nuestra ignorancia como puerto de partida de toda obra literaria original.


La materia escrita, comienza con jalar fuerte en la lectura, justo allí donde la curiosidad deriva en estirar el significado. Prestar atención. Antes de eso, podemos existir en un estado de indiferencia o éxtasis sobre estos momentos de epifanía. Cuando al leer es perturbado nuestro estado de ser, es como si los gigantes de las letras en ese monto en sus letras nos regalaran alegría, coraje intelectual, deseo, ambición de ser, dolor, emociones encontradas…, estas deidades más pequeñas que fueron dadas por la obra de los escritores, se les llama aliento para producir la materia escrita. La perturbación de la conciencia, te coloca, estar entre sí, en la obra y frente así, en la posibilidad de extender nuestra propia voz al escudriñar o tratar de comprender más allá de nuestro puerto de partida. 


4.9 Detente, atento en cada palabra


El investigar una palabra, es un intento honesto y valiente de superar a nuestro ser, está acostumbrado a una palabra que se convierte en una señal vacía, nos reclama tratar de llegar a la red de creencias que esa palabra concreta comenzó su uso científico, técnico o poético. Desde un estado atento en la lectura, asumir la principal tarea del lector, interpretar lo más profundo posible al texto. Claro, podemos volver a la indiferencia, al equilibrio o permanecer atentos a las maravillas de estos gigantes del pensamiento; podríamos subir la escalera del intelecto, o en este movimiento de nuestras vidas emocionales e intelectuales. Algo nos llama. Ya sea curiosidad. Ya sea curiosidad o el golpe de nuestra ignorancia, en este punto podríamos volver a salir de la página, si bien esto corre rápido, también el amor a primera palabra. Al no entender las palabras que nos llaman, esta preocupación de que estamos renunciando a otra vida, incluso nos puede seguir toda nuestra existencia. Nuestra personalidad y carácter intelectual se define por nuestros actos de valentía y heroísmo para atender una obra literaria. 


En nuestra vida de preocupaciones fluctuantes, una preocupación individual puede no desparecer, y jamás ser remplazada por otras. Esto es igual de cierto en lo que respecta a las preocupaciones que conducen a la materia escrita. Mirando la poesía de W.B. Yeats, uno puede comprender como hay musas que nos acompañarán por toda la vida. Nuestras preocupaciones, esas que mueven nuestra escritura, surgieron de leer y bautizaron nuestro carácter intelectual. La pasión de Yeats por escribir y se unieron en sus metáforas y la propia historia de su vida. 


Leyendo nuestros borradores, vemos como sucede nuestra curiosidad. Escribir durante diez borradores, vamos cincelando, dejando líneas cruzadas, probando diferentes imágenes. Todo lo que tenemos que hacer es preocuparnos por algo, descubrir una nueva apertura de significado. A pesar de la torpeza y la desgracia del borrador de un texto, la tenacidad y la confianza crece con cada nueva pieza de texto lograda. Cada pieza de texto escrita, manipula nuestros recuerdos con sus datos. Nos crea la ilusión de una vida virtual por sí misma, proporciona el material y creamos imaginación. Nos convertimos en participantes en el proceso creativo. Tomamos cada detalle, en el gran almacén de la experiencia en el sistema de escritura y del pensamiento. En lo más íntimo. La desolación de un borrador, es común a todos los escritores, podemos imaginarlos con titanes de las letras en un acantilado de la deserción creativa. 


“Es más fácil comprender el cosmos que comprender el ego; el yo está mucho más lejos que cualquier estrella” 

G. K Chesterton


Al mirar un texto, nos presenta preguntas, ¿qué es esto y qué significa? La mente se involucra con la pregunta y permanece comprometida hasta que se responde o encontramos que es incontestable. En un lugar intermedio, es decir, donde alcanzamos una sensación de significado que somos incapaces de parafrasear, pero parecemos comprender. Esta es un efecto del símbolo. Lee y continúa en el texto, este devolviendo significado, mientras que un signo, como los glifos que significan baños masculinos y femeninos, revela rápidamente todo su significado. Las narraciones aparentes nos atraen por su interés en la historia. De hecho, no son narrativas de ficción, son momentos líricos, un momento de realización de un desafío de conocimiento, emocional y liberación. Nosotros los lectores somos los que construimos el significado, somos cómplices del escritor, pero desolación del hombre. Es su condición. Mira a través de esta desolación cuando mira al mundo, hasta que en la misma casa de letras derrota la soledad de su conciencia. 


El escritor frente al sentido de desolación. Necesitaba imaginar que alguien debía amarlo… para que pudiera dormir, para que pudiera despertar. Tiene esta pequeña esperanza -una necesidad insignificante- y la luna llega a representar esa esperanza. Mientras el hombre se desnuda en las letras, trata de recordar si había visto la luna mientras regresaba a casa. Entonces el recuerdo le llega: por supuesto, la luna me recordó todo a ella, una flor en la oscuridad. Qué astuto y triste resulta este argumento, pero aún así es suficiente para darle al hombre la esperanza y el sentido de conexión para seguir adelante. 


Hace mucho que escribir es dar oxígeno a nuestro yo, nutre y es la función vital del aprendizaje estético, complejo y emocional


El escritor puede haber comenzado el texto con la idea de un hombre que necesita que alguien lo lea con un sentido de salir de la desolación, puede estar este creativo siguiendo la imagen que tiene de algo. Pero la conciencia del escritor, tensa la indiferencia y la necesidad de un individuo que imaginará cuando esté en sus letras. Es una serie de preocupaciones en el curso de la escritura, una preocupación que se hace palpable para su imaginación y da energía emocional para su empatía. El proceso de escritura comienza con una imagen que se trabaja y se saca del pantano si se atasca. La primera sentencia, frase, metáfora o cláusula es analítica y discursiva. Lo más simple para que juntas intercambien miradas del panorama de los que vendrá en los párrafos, páginas y secciones siguientes. Esta consecuencia podría haber golpeado el flujo del escritor, detener su marcha cuando desvía la planificación del texto imaginado. Porque la tensión cuando es destructiva entre escribir e imaginar, el escritor interrumpe su imaginación creativa al tratar de articular las frases.


Pero el tema no es la parálisis de la escritura, sino su combinación de forma (sintaxis) y contenido (textualidad), se convierte en la promulgación de su preocupación. Y el lector viene a promulgar esa preocupación también investigando los datos de los sentidos y los detalles narrativos, tratando de entender las metáforas. Cuando terminamos, el sentido del texto es solo un sentimiento nuestro; experimentamos aislamiento y su necesidad de algo como un reflejo de la Luna para ver el Sol. Dejamos el aislamiento para pasar por el filtro de los revisores a través de los cuales vemos el mundo de nuestro texto. 


Por supuesto el lector, no tiene idea de si el escritor hizo el texto de la manera en que lo interpretamos. En su mayoría comienza con repentina aprensión de las piezas de texto, de algo que puede funcionar mal, más allá de las erratas inevitables en todo borrador. El escritor a menudo no tiene sentido de esto al principio; más bien, él o ella pasa por un proceso, a veces un largo proceso de diseño y rediseño, escribir para descubrir por qué está escribiendo. Y el éxito del escritor a menudo depende de su paciencia, de la necesidad de escuchar su propio texto en lugar de creer e imponer un significado que no está en el texto. Es una lección que uno aprende al leer los borradores de otros escritores.


Pero incluso los escritores noveles, comienzan con la sensación de que los edificios se construyen a partir de los acabados finos a los cimientos y estructuras, lo más probable es que no tenga conciencia de la imagen de la reflexión del oficio de borradores y revisiones sistemáticas. Esencialmente, se dedica a abrir caminos a través de un argumento de tesis no definitivo, si X existe (digamos la desolación del escritor), entonces un hombre necesita Y (un sentido de amor o el reflejo de la Luna del Sol) para vivir. El texto promulgado en el argumento central del texto, una vez terminado su cuerpo de discusión es afinado su flujo discursivo, diseñando la narrativa sobre esta estructura, se convierte en un acto de dar testimonio de un camino de aprendizaje y conocimiento.


Pero tener preocupación y luego descubrir una metáfora que puede servir como vehículo no es lo suficiente para que el texto sea eficaz. El escritor también debe hacer que el elector quiera leer. Desafortunadamente, esto presupone que una persona abrirá el texto y revisará desde el título, primera línea, primer párrafo, primera página y que en cualquier momento el lector se verá seducido emocional y racionalmente para sumergirse en la narrativa del texto. 


Cada línea, cada frase tiene que tener dentro de ella una razón para leer la siguiente. Es la curiosidad la que empuja al lector por la página y las dos fuentes principales son el suspenso y la sorpresa. Es decir, el lector se preocupa por hacer el esfuerzo intelectual de atender la gramática y por el sentido de lo que está aconteciendo en el texto. ¿Qué nos está impulsando hacia a delante en el texto? Interés intelectual, tal vez, o placer ante el aburriendo de la realidad, o incluso la curiosidad débil de informarnos sobre una obra como interés perezoso, como cuando leemos anuncios de negocios en la pared de las calles mientras caminamos por las calles por recreación.


Si nos dan los estímulos, el lector reacciona siempre y cuando esté resuelto el conocimiento necesario en lo ortográfico, sintaxis y puntuado. Extrapolar, deducir, inferir, razonar, justificar, fundamentar, categorizar, demostrar, calcular y narrar son la estructura lógica del texto. Antes de eso, las yuxtaposiciones y sorpresas del texto nos mantienen en equilibrio de concentración, entre esperanza de que resulta con éxito la coherencia y el tema, de lo contrario del lector se desmoronará en frustración. La estructura de la mayoría de los textos literarios, como los sonetos de Shakespeare tiene tres bloques de lenguaje, describen una situación, introducen un paradigma de explicación y finalmente dan una resolución en las líneas finales de cada pieza de texto.

 

En su narrativa, esto llena de energía a las variedades de sintaxis, saltos de línea, las formas de pausar el tema, intensificar su color. Así predicados, objetos directos, y las opciones de cada palabra, son la rica variedad que mantiene fresca la escritura. Crean el flujo constante de sorpresa y desafío de nuestra capacidad de pensar y sentir cada situación expresada en el texto, lo que significa que la tensión sigue aumentando hasta la declaración del discutir insertos desenlaces o conclusiones. La sensación de administrar la deliberación entre páginas, parece un control efectivo de atracción para el lector, lo que, por supuesto, es la ilusión de conocimiento.


La escritura, es un proceso que hace evolucionar nuestro intelecto, es un confinamiento a un espacio de designado abierto y la experiencia de la mente dual, entre la perspectiva que ofrece la imaginación, pues tiene un gran alcance y, el pensar y sentir de un movimiento intelectual que está respaldado por alguna estilo de pensamiento, por ejemplo: el poético, el científico, el matemático, el de diseño… El poder del texto literario, es para expandir el yo del lector y del escritor, para construir el mundo y articular nuestra existencia, expandir nuestra intimidad y cobra conciencia de la importancia de lo humano. 


4.10 La perseverancia diaria de imitar a los gigantes de las letras 


La información en la literatura, un arte secuencial, parece trasmitir hacia otros desde el futuro. Esto es la ilusión porque la progresión entre páginas de la obra ya está fija; ha sido escrita. El lector o el oyente toma esta información y anticipa que algo nuevo viene a continuación. Esto ayuda a formar el continuo del paso del tiempo. En literatura un elemento importante es la estructura de las sentencias, frases, metáforas, la gran mayoría de la cuales son del modelo sujeto- predicado-objeto. Así que escuchando el tema sabemos que el predicado está llegando. “Los he conocido al final del día”, “yo” es el objeto, el predicado “se han encontrado”, y “ellos” es el objeto. Y tenemos nuestro sentido de lógica, de causa y efecto, de credibilidad, de nuestro conocimiento del mundo y, a través de esto tamizamos la información en las páginas.


Mientras nos involucramos en esta ilusión y tratamos de adivinar lo que se acerca, el escritor trata de sorprendernos con lo inesperado. En el arte de escribir, estos eventos inesperados son los seguros, relativamente que mantienen al lector en la obra. Son parte del elemento de un juego, la pequeña manera en que el discurso nos educa. Nos mantiene rápidos y ligeros, nos detiene, nos invita a reflexionar y nos deja imaginar todo lo posible. Aunque la función principal es que la escritura logre hacernos querer leer, también son parte del juego del estilo de pensamiento. Como en cualquier juego, queremos ganar, al leer un texto, no es más que interpretar-reflexionar, sumergirnos y dibujar del texto tales placeres como un viaje. Pero con giros, retornos, saltos, manipulación de la tensión y la sorpresa, el escritor juega con nuestro intento de anticipar lo que vendrá, si logra sorprendernos, es que intuyó lo que anticipamos y bosca de forma creativa un nuevo enfoque. Nos mantiene en la línea entre placer, frustración controlada y exigencia lingüística. ¿Se va a salir o no el lector? Es así, junto con los borradores en revisiones, la inquietud más recurrente del escritor. Se convierte el diseño de atrapar al lector en nuestro principal desafío. 


Nuestro compromiso con el texto y nuestro interés en ganar el juego y en esta ritualización lograr la misión misma de la pasión por la intensidad de la vida. Es esa nuestra tarea como escritor de disertación, poesía…, esa preocupación la ensayamos pieza a pieza en el texto, imitamos estilos de los grandes de las letras; en cualquier momento soltamos nuestros sentidos convencionales y los hacemos un arte de innovación discursiva. Hacemos esto sin pensar hasta que algo inesperado sucede, y luego vemos panorámicamente prestando atención al cuerpo de borrador y con atención evaluamos lo imaginado con lo que está escrito. 


Pero no es solo nuestra atención en el próximo párrafo, en el próximo segundo en medio de una frase; también pasamos muchas horas de vigilia tratando de leer y trazar nuevas trayectorias para nuestro propio texto. Escribir es vernos entre la desesperanza de lograr piezas de texto aceptables y la desesperación por saber cómo el revisor de nuestro manuscrito lo marcará, lo discutiré y para juicios incómodos, pero son una riqueza abrirnos a esta experiencia, no hay manera de crecer en la escritura de modo más rápido que con el mentor de la literatura disponible y el revisor afilado en lo literario más allá de las erratas que desde luego es importante pulir. 


Como hemos dicho, la literatura y su arte para crear formas de conocimiento, para expandir nuestra experiencia moral del mundo, para el sustento, la supervivencia de nuestra pasión, y la conexión con la compasión; el grado en que obtenemos esta mezcla necesaria de mejores libros (modelos de diseños reales), vemos ya prendemos a crear efectos literarios de una serie de causas ciertas, inciertas y de una profundidad poética y de disertación. Las formas de los textos de los maestros de las letras como Paz, Eliot, Cervantes…, tienen la capacidad de presentarnos el arte como un cuerpo de texto vivo. No se aprenden a escribir son la hazaña de expresar algo cada día imitando a estos mentores, Moby Dick es la mejor pieza de texto escrita, porque es para nosotros en lo particular son estilos hermosos, intenso… forma discursiva con un arte sin igual… que conecta emoción y razón en una experiencia formalmente susceptible a la proyección discursiva. Tales experiencias que crean en la mente imágenes en ritmos de conocimiento y vida, orgánicos, emocionales y mentales que son simplemente un ritmo complejo. Todas las frases, párrafos, páginas actuando juntas combinan patrones dinámicos de producir dos cosas: razonamientos y sentimientos. Es este patrón el que solo presenta formas simbólicas repulsivas y puntos de propósito en la construcción estética de las ideas. 


Hace tiempo que escribir se convirtió en algo natural en el teclado, solo es posible esto siempre y cuando nuestra gratitud de escribir cada día, se recompense dando origen a nuestra cruel autocensura. Los misteriosos procesos de imitar a los grandes héroes del pensamiento literario, absorbe por nuestros ojos y nutre nuestro intelecto cada día hasta hacernos humildes artistas del texto literario. 


4.11 Escribir dándole propósito y sentido a las frases


Esta sensación de sentir lo que el escritor sentía y pensaba, entre otras cosas, nos da un sentido de conexión en la conversación en el texto. Si no nos hemos comportado en forma mecánica en el texto, al menos podemos imaginarlo, el texto nos saca de nosotros mismos, de nuestro aislamiento existencial. Esta presentación simbólica de la emoción promulga que un lector pueda experimentar lo que solo es posible con el arte. Es esta vida de pensamientos y emociones que a menudo acudiendo a la literatura estamos considerando nuestra trayectoria hacia el futuro. Cuando nos preguntamos cómo es que el escritor nos hace sentir a otras personas con su prosa o verso; estamos en el territorio del efecto literario.  


Existe un intercambio entre el arte de la literatura y lo que experimentamos en el mundo[7]. Probamos lo que aprendemos; medimos su precisión, aunque solo sea en experimentos mentales. Lo que encontramos en el arte lo validamos en el mundo y viceversa. Al hacerlo, nuestras visiones de la vida sensible se profundizan, mientras que ese intercambio también amplía nuestro sentido de posibilidad y de lo que es apropiado para el mundo, es decir, un sentimiento del alcance de la vida sensible y lo que es natural para ella. El modo de pensamiento del escritor es el producto de todos los lados de su personalidad: el intelectual, fisiológico, espiritual y emocional, una síntesis de lo que percibe a través de sus instintos y deseos dentro de procesos intelectuales finos. Todo esto da forma a la personalidad de nuestra escritura. Las ideas escritas las podemos ubicar en cualquier nivel de la personalidad. 


Frase a frase el escritor es la abstracción de una emoción o idea a través de la cual se filtra la experiencia de vida. Si un escritor, busca constantemente metáforas con las que expresa algún aspecto de esa preocupación. A menudo, sucede que inconscientemente imita las formas de pensamiento de los autores que están en su biblioteca íntima. Así es como muchas veces una pieza de texto se desprende de nuestro yo. Uno podría preferir que las ideas de cada frase se desprenden la idea dominante que tenga algún valor mérito filosófico, pero en realidad esto sucede en cualquier nivel de la textualidad de manuscrito. 


4.12 En la energía para escribir está quién eres en verdad 


En esta energía se esconde una apariencia, para el escritor, una pieza de texto necesita ser y convencer al lector de la validez de la experiencia literaria y su valor potencial de conocimiento. Esto es cierto para escribir auténtica literatura científica, académica o de ficción. Si el escritor no puede convencer al lector de que él o ella, en gran medida, necesita leer lento, las piezas de texto rara vez funcionarán, porque el lector quiere creer que la experiencia de traducir en él mismo el arte de pensar y sentir; también será de valor para él o ella, después de todo, no importa cuanto pueda apreciar un lector una obra, el propio escritor debe admirarla primero antes de publicarla. 


Muchos dejan de escribir por la fiereza de las críticas, otros se hacen el carácter intelectual para digerir a su favor las críticas literarias; todos comenzamos a escribir mal, otros nunca salen de aprender lo básico de la gramática; pero siempre hay quien se carga al hombro un gran aprendizaje autónomo de agencia de conocimiento, profunda seriedad. 


4.13 El camino propio en carne y en letra


La visión del escritor sobre la naturaleza de la sensibilidad, deriva de una mezcla de experiencia personal y lo que él o ella ha absorbido en su experiencia literaria. La búsqueda de la empatía es una manera en el que el escritor obtiene una visión de la naturaleza de la sensibilidad. Es una forma de experimentar lo que otra persona siente, después lo cual puede ser trabajado por la imaginación como un medio a favor de enfrentar grandes proezas del pensamiento. Sin él, el escritor tiene pocas posibilidades de tener éxito. El lenguaje discursivo de disertación no puede comunicar una emoción; pueda ofrecer un adjetivo y una reflexión, pero no puede decirnos cómo se siente enfrentar cualquier contingencia, es allí donde lo literario enriquece el contenido académico. Las palabras no son más que etiquetas, promulgan escenas en su mezcla de palabras, presentan un pensamiento, pero sin el efecto literario no producen la maravilla de la empatía humana. 


En su complejidad el texto académico es un texto con avatar, un discurso de disertación y una carga de efectos literarios. Continuamente intentamos completar los patrones que aparecen ante nosotros. Dar sentido al lenguaje nos obliga a profundizar en los mensajes relativamente desnudos que el lenguaje nos da. Enriquecemos nuestra representación mental con una especie de conversación con nuestros interlocutores que están en el contexto literario disponible actual y clásico. El único terreno común del texto académico son en general los antecedentes del conocimiento: fundamentos y justificaciones primarias. Usamos estas elaboraciones para formar inferencias predicativas sobre lo que sucederá, así como puentes de inferencias que tiene sentido en las nuevas relaciones entre las nuevas posturas intelectuales y la conversación tradicional de expresar los temas. Cualquiera de estas inferencias se puede manipular para establecer las bases para un cambio de enfoque. 


No puede haber sorpresas sin expectativas. Afortunadamente la cognición humana se ejecuta en una dieta de constantes pasos en su curiosidad. A medida que usamos el lenguaje, interactuamos con los demás y exploramos el mundo físico, extrapolamos continuamente a partir de información incompleta. Dependemos de la experiencia previa para completar nuestra comprensión de lo que estamos viviendo, escuchando, encontrando en el texto y haciendo en nuestra memoria de trabajo. Confiamos en nuestras expectativas de cómo deben comportarse los objetos físicos a medida que movemos nuestros sentidos a través del espacio-tiempo, evitamos obstáculos y manipulamos objetos. Incluso nuestras experiencias perceptivas más aparentemente no mediadas por palabras influyen en las expectativas previas sobre lo que es posible en un mundo de posibilidades[8].   


De hecho la neurociencia cognitiva computacional ha demostrado cada vez más a fondo, que el acto de pensar en todos los niveles implica predicciones y expectativas[9]. Más allá de la comprensión del lenguaje y hacer nuestro camino a través del mundo físico, los humanos corremos a lo largo de una corriente continua de búsqueda de sorpresas[10]. Errar en la búsqueda, es decir, desajustes entre lo que predicen nuestro sistemas de pensamiento y lo que realmente encontramos, también es una sorpresa. Si el modelo de codificación productiva de estos sistemas es correcto, tanto sorpresa positiva o negativa son parte importante de la textura de la experiencia y nuestro sentido de lo que es probable o importante a medida que avanzamos en el tiempo. 


Las sorpresas influyen de manera fiable en nuestras expectativas y nuestro sentido del mundo, a medida que leer literatura es una forma de experiencia en nuestra vida, el consumir obras creativas literarias ganamos en la exploración del papel predictivo del procesamiento[11]. Se sugiere que la literatura desempeña la experiencia literaria que afecta a la experiencia encarnada de la vida real, esto a través de la inmersión narrativa y el flujo diseñado para los textos e imágenes literarias construido para llevarnos fuera de las experiencias que disponemos en nuestras vidas perceptivas habituales[12]. 


4.14 Pensar al escribir


El comportamiento racional siempre puede explicarse como el resultado de una creencia junto a un deseo. Para comprender esto, debemos pensar en el contenido de la actitud proposicional de Bertrand Russell, esta deriva del hecho que podemos pensar en la creencia (que ya está en nosotros), el deseo y la intensión, apoyados en algunas sentencias que contienen lo que el agente cree por si hay algún P tal que cree que P porque su Yo lo dirige a P. Por ejemplo, se explica que Rogelio enciende el interruptor por el deseo de iluminar la habitación y su creencia de que puede iluminar la habitación presionando el simplemente el interruptor; y así es plausible, aunque no indiscutible sostener el comportamiento racional, siempre se puede explicar como resultado de una creencia junto con un deseo adecuado. El significado de las frases se derivan de alguna manera del contenido de las creencias del agente (escritor/lector) y las acciones de escritura son relacionadas con el deseo relevante de ganar profundidad en el significado[13], son un proceso agencial. El filósofo Grace Herbert pensó la actitud proposicional como apta para la búsqueda de la verdad, en la conversación de justificaciones, premisas, cláusulas e inferencias deductivas e inductivas.


La psicología epistémica de actitud, es esencialmente agencial y, en lugar de responder a actitudes propositivas es una forma de albedrío. Si S sabe que P, entonces S activa la atención a P, o P estaba disponible para S por activación de atención. Lograr el conocimiento requiere atención a un contenido u objeto de estudio. La atención es selectiva por la necesidad de conocer y la acción. Agenciar constituye y requiere  selección en libre albedrío. Por lo tanto, el conocimiento requiere albedrío y es un proceso agencial. 


También hay casos en los que los objetos de atención para el que pretendemos escribir son forzados sobre nosotros y aparentemente no elegidos o seleccionados. Si hay atención son seleccionados en estos tipos básicos de casos, estas formas de atención pueden producir conocimiento, pero al perder la conexión entre conocimiento y libre albedrío el escritor aborda casos sobre la agencia epistémica de un modo automático (no reflexivo), pero esencialmente un proceso reflexivo implica la selección del agente y la agencia mental de un proceso de razonamiento.


En otras palabras, en una caso de que agente que escribe, si no hay conciencia en la selección de las premisas, garantiza que involucra conocimiento, pero como dice Dickie[14], el pensar está ciego por carecer de la conciencia en todo o en parte del proceso consciente que justifica la idea en su inferencia que la produce. Cuando no hay clara conciencia del objeto, la mente sin embargo, registra esta información con características vinculadas a una sola cosa, en lugar de una estructura selectiva de información accesible que justifica su verdad. 


Si no hay una selección en libre albedrío de las piezas de información para elaborar el contenido escrito, tomará más trabajo crear las ideas, al no proporcionar a la conciencia un relato claro de la creencia, del cómo y cuándo para los procesos de atención necesarios en la selección que permiten agenciar conocimiento; el escritor cada vez que escribe auténticamente, hace uso de la agencia epistémica que le permite un desempeño en la selección de la acción con mayor detalle para su conciencia. La atención es sobre un fenómeno psicológico central para dar forma a la selección de información dentro de la literatura disponible sobre un objeto: tarea, objetivo, acción, expresión o similares. Atender algo en un proceso de escritura conlleva que existe justo como punto de partida un propósito, tarea u objetivo. 


La atención es el mecanismo que trasmite información al espacio de trabajo global del escritor… organiza los esfuerzos al servicio de la acción del razonamiento y despliega nuestro recurso verbal[15]. Chris Mole describe la atención como un “unísono cognitivo”, mecanismo neuronal integrado que sirve a la misma tarea cognitiva que la invoca[16]. Es decir, el escritor logra atención sobre lo que piensa al escribir, como una propiedad emergente neuronal que trabaja para resolver el control de la reflexión de un estado de atención. No puede decirse que ocurre autentica escritura, si el agente en su nivel personal no presta atención a la literatura disponible sobre un objeto, y como resultado de este proceso, se construye notas que en respuesta a establecer conexiones lógicas, le ayudarán a producir nuevas ideas. 


La afirmación de que la atención implica la selección en libre albedrío para la acción de información, es un principio de libre conciencia en el acto de pensamiento. Lo que necesitamos comprender y explicar es cómo esta característica de atención y agencia, es la conciencia actuando en medio de la incertidumbre. Cuando comenzamos a escribir sobre algo que no poseemos la mínima experiencia de conocimiento, este agente tiene el potencial de atención de representar conscientemente una serie de objetos, pero no tiene capacidad de atender a ninguno de ellos sin el proceso de selección y agencia de la información que es necesaria transformar en conocimiento. 


Imagine un escrito que desea escribir sobre una colección de objetos, pero que carece de atención. Es decir, el escritor no puede hacer consciente al objeto por carecer de una creencia mínima sobre este; es decir, nuestro colector de atención carece de capacidad de sintonía sobre esa realidad, cada objeto es igualmente destacado para el escritor, en ellos no hay jerarquías de reflexión sobre sus significados por falta de educación en los mismos. Los seres humanos claramente poseemos capacidad de dar significado, pero si la red de conceptos relacionados para nuestros significados, es muy pequeña y estrecha, se carece de potencial para la gran atención necesaria para guiar la cognición y la acción de escribir. Para guiar la atención, es necesario fortalecer la creencia sobre el objeto que se escribe. Al leer sobre un tema que en principio es extranjero en nuestras creencias y tomar notas para reflexionar, esto fortalece nuestra capacidad de atención y, nos ayuda a la selección dentro del libre albedrío en la revisión de la literatura disponible[17]. Si bien los estados de atención suelen estar dirigidos a objetivos, el estado de la meta no siempre está representado conscientemente en el proceso de escritura. En particular cuando la escritura del autor no es hábil y virtuosa en su diseño discursivo[18]. 


La selección de notas dentro de la literatura disponible, es actuar en favor de la selección de rutas dentro del espacio de posibilidades para fortalecer nuestra creencia sobre algún objeto. El problema es la estrecha atención que un escritor novel tiene cuando es extranjero del espacio de conocimiento de un objeto. La selección de uno de los caminos en las opciones de entrada es necesaria para actuar en absoluto y lograr un proceso de escritura de disertación, no hay ningún requisito del estado inicial de ignorancia o conocimiento del objeto. En el primer paso, este proceso de tomar notas fortalece nuestra conciencia sobre la creencia del objeto. Esto permite la posibilidad de una acción de escritura consiente y productiva. 


El problema de muchos en el estado de atención, debe resolverse a lo largo de la vida que despierta con cada nueva lectura y toma de notas. Como dijo William James, la mente debe resolver continuamente el problema persistente de “qué pensar a continuación[19]”. Iniciar, guiar y completar la acción mental o anclar la atención en una determinada parte del campo de significado del objeto, es una forma de agencia mental del conocimiento por procesos orientados a la selección y la conexión de piezas de información dentro de procesos reflexivos de escritura, destinada por el anclaje y la selección para finalizar una unidad de la tarea de conocer al fundamentar, explicar, demostrar, categorizar, calcular y narrar. 


Sostenemos que esta forma de agencia mental del saber, no es posible lograrla sin anclar en una sólida creencia para la atención y la selección en el libre albedrío. Lograr nuevos estados de conocimiento sobre los objetos, es la manifestación del éxito del escritor para realizar procesos de selección y por tanto, manifiesta tácitamente su agencia producto de la intensidad de atención y el deseo de propósito de la tarea de escritura. Los procesos de atención pueden ser evaluados y comprendidos, por el concepto de Ernest Sosa llamado “normatividad de rendimiento[20]”, establece que la creencia puede ser evaluada de acuerdo con lo bien o mal que uno es capaz de defender una idea con evidencia, fundamentos, premisas, hechos, conceptos, datos…, en este sentido, la estructura normativa de Sosa es consonante con el grado de explicación y la atención que presta un escritor sobre un objeto de estudio. Evaluar la atención, permite en principio organizar un dominio crítico del punto de partida que un escritor asume para una jornada de escritura creativa. 


Evaluar el estado de atención potencial, le permite al profesor, plantear un proceso de revisión a partir de un estado objetivo de la conciencia del estudiante sobre un tema particular. Pero en la autoconciencia del escritor, esto le indicará, si dispone del techo intelectual de la ciencia para escribir sobre un tema, o es necesario invertir tiempo, para dentro de un proceso de revisión, hacer de la literatura disponible, construir sus creencias hasta el punto de lograr atención intensa necesaria para el proceso de pensar al escribir.


4.15 ¿Por qué no te conectas con la lectura y sales abruptamente del texto? 


En experimentos, se instruye a diferentes grupos de sujetos de prueba que leyeran una historia sin saber que se les pediría que recordaran los detalles más adelante[21]. A un grupo se le dijo que simplemente leyera la historia; a otro grupo se le pidió que se planteara preguntas muestras lee la historia y dé respuestas por escrito y, a un tercer grupo, además de hacerse preguntas y tomar notas de las preguntas que se planteó a la lectura de la historia, fueron instruidos para discutir esas preguntas. A todos los grupos después se les pidió posteriormente que tomaran una evaluación con respecto a la historia. Los resultados mostraron consistentemente que el grupo que había discutido la historia fue capaz de recordar más eficientemente en su memoria. Esto también explica por qué tomar notas nos ayudan a recordar el contenido de un curso, clase, conferencia, incluso si no vuelves a usar las notas en discusiones futuras[22]. Escribir es un acto físico, después de todo. Además, tomar notas en papel o gestor de referencias, también es beneficioso para los procesos complejos de composición de piezas de texto al escribir sobre el teclado[23].


La retención de corto plazo de la información que leemos requiere el uso de nuestra memoria de trabajo, la parte del cerebro que es responsable de ejecutar tareas complicadas. Puede comparar a esta memoria de trabajo como un banco de herramientas intelectuales (comandos) y materiales (contenido) disponible para que la conciencia procese pensamientos en modelos de inferencia deductivas, inductivas, constructivas y narrativas[24]. Esta es la razón por la que la elección de qué información va a colocar en su memoria de trabajo, es un acto de tomar notas escritas, su memoria crucial en su densidad de información que dispone, para su concentración, porque la utiliza para ejecutar una tarea especifica intelectual durante un período de tiempo específico en la creación inédita de piezas de texto. Por lo tanto, la clave para facilitar una buena concentración en el estudio en línea o presencial es saber cómo funcionan la memoria de trabajo, antes de pasar a proporcionar consejos concretos sobre las tareas académicas. En términos generales, haya dos maneras en que la información puede acceder a la memoria de trabajo: desde el mundo exterior (a través de los sentidos) y desde el mundo interno de la literatura (cuando se lee y escribe para pensar algo en profundidad y formalidad[25]). Sin embargo, no toda la información que recogen sus sentidos termina en la memoria de trabajo. Lo cual es muy bueno, porque evita que se corrompa presentando interrupciones en el flujo de pensamiento. Para evitar rupturas de atención, la concentración que se gana tomando notas mientras se lee, favorece el acceso a la memoria de trabajo. Cuando leemos, la memoria visual que procesa los símbolos alfanuméricos, es de muy extremo corto plazo, unos milisegundos a lo mucho. Actúa como una especie de búfer para imágenes que se proyectan sobre nuestra retina y que serán procesadas por la gramática innata de nuestro cerebro. Esta memoria se le suele llamar icónica[26].  


La memoria icónica no tenemos acceso a ella, crea una especie de cola para ordenar las entradas de información. Este es en realidad un acumulador icónico que sobre escribe información constantemente. Esta memoria en su longitud no es más grande que lo necesario para almacenar la información de sentencias, frases, cláusulas, metáforas mientras se lee o se escribe. En 1960 el psicólogo George Sperling realizó un estudio de la capacidad de este sistema de memoria preliminar y muy breve para retener la información visual de letras, calculó cincuenta milisegundos su retención[27]. Sperling entonces instruyó a sujetos de prueba mirar letras y escuchar un sonido emparejado. Esto parece que mejoró la memoria icónica en los sujetos que fueron capaces de concentrarse en una fila especifica de letras. Y, sorprendentemente succionó, esto indica que la memoria icónica de alguna manera se corrompe cuando no hay concentración, esto es lo que los sujetos manifiestan: a menudo, mientras leemos, nos encontramos pensando en algo diferente al texto; esta tendencia a deambular por la mente está relacionada con una pobre comprensión[28] y una menor memoria posterior para los textos[29].


La mayoría de nosotros probablemente asociamos la palabra memoria con cosas que están almacenadas desde hace mucho tiempo. Pero la memoria en realidad es un proceso de inferencias que recoge información exterior e interior permitiéndonos crear impresiones del mundo que nos rodea y de nuestro Yo. Lo que sabes por el modelo de Sperling es que la memoria de trabajo encesta para procesar la información, que esta última, desde la memoria icónica no se interrumpa. Este es el momento en que el banco de trabajo intelectual puede pensar en ello y realizar cálculos con ella, generando conciencia que permite tomar notas para su consolidación en nuestro aprendizaje. 


Entre más densa sea la toma de notas sobre el proceso de lectura en la literatura disponible (libros, artículos…), ganaremos concentración para dedicar nuestro intelecto a estudiar estos objetos de conocimiento. La conexión leer y escribir es cuando el cerebro puede pensar en ello y realizar inferencias sobre la información consciente. 



4.16 Leer y escribir demandan que la memoria de trabajo no sea interrumpida


Nuestra memoria de largo plazo contiene todos nuestros recuerdos personales del pasado, así como el conocimiento que hemos logrado a lo largo de nuestras vidas[30]. Mantener la información activa en nuestra memoria de trabajo durante un período de tiempo más largo nos permite almacenar esa información en la memoria de largo plazo. Sin embargo, no podemos estar seguros de si se ha almacenado la información en la memoria de largo plazo con éxito o no[31]. Es posible que ni siquiera pueda acceder a cierta información en su memoria a pesar de que usted sabe que está allí. La información solo se puede recuperar emitiendo las instrucciones correctas de inferencia. Todos sabemos lo frustrante que es no ser capaces de pensar en el nombre de alguien, todo porque no estamos dando a nuestra memoria de largo plazo las instrucciones correctas. Por lo general, tratamos de localizar la información pensando en las cosas que asociamos con esa persona[32]. Esto puede ayudar a activar la memoria. Por el contrario, el olor de una fragancia en particular puede hacernos recordar un recuerdo que no creías haber guardado. La información que se ha adquirido dentro de un contexto específico se puede recuperar más fácilmente si regresamos a ese mismo contexto. Recordar la ubicación, por ejemplo, donde aprendió algo puede ayudar a recuperar información específica de su memoria a largo plazo. 


Cuando se concentra en determinada tarea de escribir y leer, por ejemplo en un correo electrónico, toda la información relacionada con esa tarea se almacena temporalmente en la memoria de trabajo. Al mismo tiempo, la nueva información relacionada con el correo electrónico sigue accediendo a su memoria de trabajo. Sin embargo, la información irrelevante también puede acceder a su memoria de trabajo, si aparece una ventana emergente en la pantalla mientras lee o escribe el correo, su atención se atraerá automáticamente a esta nueva información rompiendo la concentración, al deteriorar la información que previamente se encontraba en la memoria de trabajo. Esto supone una amenaza muy seria para su concentración porque la información emergente irrelevante puede hacer que otra información sea empujada fuera de su memoria de trabajo[33]. Si algo interrumpe su lectura o su escritura, puede que incluso un minuto después ya no sepa exactamente lo que estaba haciendo y que ha perdido su concentración por completo. Y retomar el paso creativo le llevará un tiempo y quizá, el mismo enfoque para ese punto análisis, no lo logra de nuevo jamás. 


Con frecuencia, olvidamos cerrar una puerta, a pesar de que usted sigue olvidando hacerlo a pesar de que cotidianamente lo realiza varias veces. Esto sucede porque si no repites la tarea como algo reflexivo, simplemente desaparece de tu memoria de trabajo, y más cuando hay muchas situaciones que nos demandan pensar[34]. La única manera de asegurarse de que va a atender una tarea, es hacer consciente lo que está haciendo. Esto es factible, por supuesto, pero es extremadamente difícil cuando hay muchas distractores que interrumpen constante mente a los procesos de la memoria de trabajo. Kafka para asegurarse que rendimiento, gestionaba por las horas altas de la noche un espacio de aislamiento total de su familia, para asegurarse que su memoria no pensara nada más mientras se recuerda a sí mismo la obra literaria que le confiere atención en su escritura[35]. Los pensamientos diferentes que invaden la memoria de trabajo, rompen la conexión entre lectura y escritura, incluso pueden evitar que nunca exactamente sucedan las inferencias entre la información que en ese momento estaban vivas cuando estaban concentrados. La memoria de trabajo solo puede contener cierta cantidad de información y en un orden a la vez[36]. Hay grandes diferencias en la cantidad que las personas son capaces de retener en la memoria de trabajo, los estudios de investigación, suelen reconocer esto y, además, que la actividad de leer y escribir literatura suele ampliar esta capacidad con el tiempo[37]. 


Esta condición biológica doble de nuestra memoria de trabajo, deja claro que los lectores y escritores, por un lado, deben gestionar un espacio sin distractores; y por el otro, invertir el mayor tiempo posible en tareas intelectuales como tomar notas, fundamentar, explicar, demostrar, calcular, categorizar, describir, narrar…, esto hace una diferencia importante en el progreso intelectual del sujeto que aprende a leer lento y a pensar cuando está escribiendo. La relación es siempre unidireccional: cuanto mayor sea la capacidad de memoria de trabajo, mejor será una persona capaz de realizar tareas complejas, como resolver problemas matemáticos y tomar decisiones reflexionando diferentes fuentes de información. 


Ser capaz de centrar su atención en una tarea específica en la memoria de trabajo, es crucial para una buena concentración. En los modelos de atención teórica, este tipo de atención se conoce como atención ejecutiva, lo que significa que es necesario poder ejecutar una determinada actividad; a veces se emplean en su lugar otros términos como “control cognitivo” y “función ejecutiva”. Todos estos más o menos refieren a lo mismo: concentrarse en una tarea y ejecutar esa tarea con éxito centrándose en los comandos pertinentes durante un cierto período de tiempo, ajustando su propio comportamiento cuando sea necesario. 


Las personas que sufren de problemas con su memoria de trabajo, son menos capaces de ajustar una estrategia de concentración, dejando de funcionar eficazmente. Las personas que fortalecen su memoria de trabajo, revelan perseverancia, se permiten interactuar con el mundo que les rodea de una manera flexible. Cada situación requiere un conjunto diferente de reglas intelectuales para justificar nuestro actuar. La concentración garantiza que no te distraigas en realizar la tarea de pensar al escribir. Podríamos pensar que cuando la memoria de trabajo está blindada en una situación ideal, nunca te permites distraerte de lo que estás haciendo, pero ese no es el caso. Desde una perspectiva evolutiva, es, de hecho, extremadamente peligroso no permitirte distraer durante momentos de concentración. No hace muchos que los humanos debían estar alerta en todo momento para poder detectar posibles depredadores, accidentes y catástrofes naturales. Y esta la razón por la que todavía tenemos un susto cuando alguien nos toca inesperadamente en el hombro mientras estamos concentrados en conexión lectura-escritura. Este reflejo provoca una respuesta de interrupción y nos permite huir del peligro si es necesario[38].


Nuestro cerebro está constantemente monitoreando nuestro entorno y, en caso de peligro, nos proporcionará una señal de que debemos detener inmediatamente lo que estamos haciendo. Para ello, se interrumpe la memoria de trabajo mediante el uso de lo que se conoce como interruptor de circuito, que permite al cerebro hacer un reinicio automático[39]. Mientras usted está en conexión lectura-escritura en este texto, este sistema está monitoreando permanente su seguridad. Tenemos poco control sobre este sistema de alerta, después de todo, las situaciones de peligro merecen esa atención. 


Hay una distinción entre estos dos tipos diferentes de atención, la atención voluntaria, que se basa en las tareas reflexivas que están realizando actualmente en la memoria de trabajo (como leer este texto) y la atención automática no reflexiva sobre lo que no tenemos control y que tiene el poder de borrar la memoria de trabajo[40]. 


4.17 Al dedicarse a escribir cambia nuestro ser


Escribir es subir cuatro montañas, el simple plasmar palabras, es lo contrario a vivir esta experiencia. Que escribir es vivir realmente extrayendo la esencia de cada instante de vida. Esto nos transforma concediéndonos un estilo propio de sentir, pensar y actuar en las letras. Durante la primera infancia, las historias, cuentos, la gramática, el alfabeto, el puntuado; momento decisivo porque significa llegar a este mundo y tener que vivir el hecho indiscutible que somos la renovación de una generación de sociedades que de entrada no tenemos el mínimo de conciencia. Este comienzo es decisivo, aquí se siembra el imborrable inicio de nuestro carácter intelectual. En esta etapa de infancia, el pasado o el futuro, no están en el modo de suceder de nuestro despertar. Si bien es superada esta etapa, recurrimos a ella cada vez que no encontramos sentido a nuestro futuro. En la segunda etapa, la rebeldía, esta es el sello de virtud. La adolescencia desempeñará un papel de renovación del aroma de nuestro tiempo. En esta etapa símbolos, ideologías, y una razón portadora de un mensaje de no regreso a la infancia. El escritor reposa en la confianza de las grandes obras de literatura, pero no complaciente, sino rebelde en la buscada de su propia identidad intelectual. En esta adolescencia, es la oportunidad de nombrar la creación escrita como el medio a través del cual la palabra halla el origen de elegir en el fuego de la mente, el sustento de la vida, porque escribir se convierte en una pasión, de la misma forma que la adolescencia da paso a la primera madurez: la juventud. 


En la juventud el carácter se perfila, entre tener ideas y hacernos de ideas íntimas, justificadas, libres en su poesía y disertación. La universidad le plantea a la juventud un horizonte de posibilidad. Descorrer el velo de la simulación de la enseñanza y al margen de lo escolar, confiando en la literatura como mentor, llevar el aprendizaje como aliento del carácter original del intelecto, del hombre en su moral. Aquí nace el pensador, con cada cobardía de abandono de un libro, se sepulta el futuro; con cada logro de lectura y toma de notas, el nervio se templa y el canto del lenguaje más elegante, original y exigente hace un alud, que permite escribir ininterrumpidamente e incluso en momentos de lo más difícil. 


La madurez, es un choque frontal con el conservadurismo irreflexivo de la propia época. Los tropiezos de la vida, el refugio de la mejor filosofía y poesía. Ocurren cosas inesperadas en el plano de la realidad. Revelaciones insospechadas de lo literario, un encuentro mágico con el escribir. Aquí se despierta la madurez de las pasiones de la juventud; temor, sentimientos, esperanza del lado puramente lógico y racional. Indicios gratificadores en cada jornada de lo más íntimo en la escritura nocturna. 


En la madurez, uno espera despertar con la escritura, entrando en los más desafiantes esfuerzos del pensamiento. La noche no es el silencio, sino la pasión por entrar en los lugares secretos donde nadie fue jamás. La humildad, la pensamos en aportar una nueva interpretación y puntos de vista que provoquen en la juventud que vendrá a estar alerta a la noche del hombre. El origen del insomnio del escritor, ocurre en innumerables noches, configurará la personalidad y el encuentro del Yo con su propio tiempo. 


Cuando se escribe tomando notas en rebeldía sobre lo que se lee, en ese período; parece contener el misterio secreto de un nuevo día. Escribir es revelar el rostro de ese día, uno a uno con el primer rayo de sol, hundiendo con café el sueño. La escritura y la lectura en conexión con la toma de notas, hace que encontramos nuestro origen como escritor. Su pasión por la literatura, es nacer cada jornada de letras. Cuando ahora estoy viejo en el camino de las letras, un portador de un misterio nos trae buscando la muerte, buscando el último de nuestros futuros. Me sentía sumergido, no para contar mi paso por los libros, sino para sembrar si tú quieres en tu alma este arte que nos recuerda a una forma digna de existir. Solo en la escritura podemos dejar de ser, para ser otros, para cambiar nuestro gusto y pasear por la poesía, novela, la disertación…, transparentar en sinfonía nuestra condición humana, en esas altas horas de la meditación literaria.



Rerefencias


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