1. La teoría fundamentada

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El método de investigación científica[1].


Una observación analizada por una persona sobre el estado que guarda el conocimiento científico, produce una revisión de la literatura original disponible, la cual concluye en la identificación de líneas de investigación abiertas que exponen los vacíos y grietas en el conocimiento disponible. Un individuo produce una discusión y justificación del problema y resuelve preguntas de investigación, para solo más tarde plantear la hipótesis. El análisis de las predicciones motiva la especificidad del experimento, que una vez ejecutado resulta en una gama de datos que requieren ser procesados y discutidos a la luz de las observaciones de pares investigadores.


El método es un viaje por niveles analíticos y elevados en importancia teórica en la tensión de datos, argumentos, conceptos, evidencias, y procesos lógicos matemáticos. Un método es una directriz sistemática, flexible para recopilar y analizar datos y argumentos  para la construcción de teorías objetivas. Una teoría comienza con datos inductivos, invoca estrategias interactivas de un ir y venir entre análisis, emplea métodos cualitativos, cuantitativos y mixtos, interactúa con experimentos e involucra las predicciones y análisis emergentes de los nuevos descubrimientos. El trabajo analítico descompone en piezas y resuelve la conexión lógica entre ellas, aumenta el entusiasmo por el proceso de investigación y el producto esperado. La capacidad de construir teoría resulta en la habilidad más significativa e importante para la formación en el estilo de pensamiento científico.


Fundamentar cómo se da la construcción teórica, es revelar el método creativo de la elaboración de la teoría. El método de elaboración de la teoría ofrece un conjunto de principios generales, directrices, estrategias y dispositivos heurísticos en lugar de prescripciones formulaicas[2]. Si bien los datos son la base de la teoría y nuestro análisis de estos genera los conceptos que construimos. Los investigadores recopilan datos para desarrollar análisis teóricos desde el comienzo de su proyecto. La base teórica nos lleva a ocuparnos de lo que observamos y percibimos mientras recopilamos notas en las revisiones de literatura. Construir teoría, se comienza con recopilar notas del tema y desde estas configurar un sistema de explicación. Sus reflexiones podrían servir como puntos de partida para el análisis, así como darle ideas para una mayor recopilación de datos. Plantearnos preguntas que surgen en la revisión en su toma de notas, puede guiarnos y dar mejor forma al reporte de  revisión de la literatura disponible. 


El método fomenta la obtención del control analítico y el impulso a no claudicar en la complejidad de la realidad. A partir de la década del 90, la comunidad científica se alejó de la teoría basada en el positivismo[3]. En el paradigma dominante de nuestro tiempo se habla del diseño del pensamiento. El diseño es la capacidad única de la especie humana para manipular materiales y energía en una respuesta razonada o sentida desde las necesidades físicas, intelectuales y emocionales, necesidades humanas que están parcialmente formadas y modificadas por el entorno natural y cultural[4]. Esta definición en particular, habla no solo de productos diseñados, sino que también muestra un interés específico en el proceso intelectual de su generación. 


Hay que llamar teoría a cualquier cosa que contenga contenido escrito, este error es el primer obstáculo para comprender el estilo de investigación científico. La teoría constructivista responde a que el diseño de la teoría es flexible en su método y no una aplicación mecánica. Los críticos al positivismo consideran que la teoría es un diseño discursivo, una narrativa objetiva[5].  El enfoque constructivista destroza la idea de un observador neutro y atado en el valor para decidir sobre que hechos involucrar en su investigación. La teoría científica es en su adjetivo fundamentada, en adelante cuando nos referimos a teoría, nos referimos a una de perfil fundamentada. 


El proceso general para elaborar una teoría es[6]:


1. Realizar la recopilación y análisis de notas simultáneamente en un proceso iterativo de análisis.

2. Analizar acciones y procesos en lugar de temas y estructuras de conceptos.

3. Emplear métodos de comparación.

4. Registrar los datos al servicio del desarrollo de nuevas categorías conceptuales.

5. Identificar categorías analíticas abstractas inductivas (casos que convergen) a través del análisis sistemático de notas.

6. Hacer énfasis en la construcción de argumentos de síntesis en lugar de simplemente describir las teorías actuales.

7. Dirigir el muestreo teórico a lo profundo de la discusión.

8. Buscar variaciones teóricas en un proceso de categorización.

9. Perseguir el desarrollo de una categoría en lugar de cubrir un tema empírico específico.


El agrupamiento por categorías de la teoría es un proceso inductivo, una práctica común entre los investigadores expertos en revisiones del estado del arte. El muestreo teórico define la actividad de realizar una revisión de la literatura original, identificar las variaciones de las categorías en el desarrollo de la teoría como objetivo[7]. Como diseñadores de teoría fundamentada, estudiamos nuestras primeras notas y comenzamos a separar, ordenar y sintetizar estas notas a través de la codificación cualitativa, esto nos proporciona una identificación analítica para realizar comparaciones con otros segmentos de notas. Los teóricos lo fundamentan enfatizando lo que está sucediendo en la escena de la revisión. 

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Directriz de construcción de teoría fundamentada.


¿Por qué algunos estudiantes se quejan de que todo en la ciencia es solo teoría? Es simplemente porque no se comprende o no se quiere entender, lo poderoso que  es contar con una buena teoría científica. Para hacer investigación científica debemos estar dispuestos a adoptar una mentalidad que nos permita ser conscientes de que nuestras creencias, ideologías y deseos anteriores, no importan al decidir qué puede pasar la prueba de rigor del pensamiento científico. La teoría rigurosamente ha probado durante cientos de años que hace predicciones confiables y que es un mecanismo de explicación necesario para lograr aplicar este conocimiento en la ingeniería y el diseño. La tecnología moderna nos dice, que es tremendamente precisa porque está justificada en la teoría científica que tiene cimientos creíbles en el apoyo empírico. A pesar de los problemas lógicos que implican la deducción y la inducción en la verificación y confirmación de argumentos, es profundamente importante en el éxito de pruebas empíricas, justificar su pertinencia para la credibilidad de una teoría científica. Hay una enorme diferencia entre decir que una teoría es verdadera y decir que estamos justificándola para creerla. La idea se remonta a Sócrates. Tal vez nunca lleguemos a la verdad en nuestras vidas, pero el progreso en ella nos confirma, que toda la forma en que funciona la ciencia, resulta en que a pesar de ser parcialmente falsa, nuestra tecnología en su eficacia nos dice que empíricamente es eficaz en el edificio teórico. La doctrina del falibilismo acepta que no podemos estar seguros de ninguna teoría empírica, pero sostiene que no es necesario razonablemente pensar que todo el conocimiento requiere esa certeza absoluta.


Una teoría científica es un sistema de proposiciones en cadenas con operadores modales, que al realizar una inferencia de conclusión alcanzan a ser llamados argumentos. Un argumento es la unidad lingüística de la teoría. En el argumento están presentes la lógica conceptual (doxástica) y la lógica modal (epistémica) que refiere al estilo de pensamiento, evidencias, datos, conceptos, autores líderes; y no menos importante la inferencia, medio por el cual podemos llamar a esa pieza de texto conocimiento. El mundo deductivo e inductivo de las inferencias es fundamental para crear teoría.


Situar la disputa sobre la distinción deductiva inductiva dentro del contexto de la evaluación de los argumentos. Todos los argumentos cuidadosamente elaborados son deductivamente válidos. Admitimos que es posible completar las premisas de un argumento tradicionalmente inductivo de tal manera que lo haga deductivamente válido, pero sostengo que, en general, esto requiere la adición de premisas justificables solo por argumentos inductivamente débiles. Por lo tanto, una mejor estrategia en la evaluación de argumentos es omitir tales premisas y tomar el argumento como inductivo fuerte. 


¿Qué es lo que está en discusión? Como practicantes de la lógica formal, estamos orientados hacia la evaluación de argumentos en las que personas raramente avanzan en un intento de convencer a otros (o a sí mismos) de creer o hacer algo. La cuestión es, entonces, si hay alguna versión de la distinción entre deducción e inducción  útil para evaluar los argumentos. ¿Si es así, cuál es?


Por lo general, nuestro propósito al evaluar un argumento es tomar una decisión sobre si aceptar su conclusión. Utilizamos el término "convincente" a un argumento que merece convencernos de su conclusión, es decir, que proporciona bases adecuadas para creer o hacer lo que dice la conclusión. Considero que es convincente para alguien cuando y solo cuando (l) esa persona tiene justificaciones que son independientes de la conclusión para aceptar sus premisas y (2) la conclusión se deduce de las premisas. Algunos argumentos son potencialmente convincentes. Es decir, serían convincentes si se llenaran con premisas que su autor tal vez dé por sentado como información de fondo conocida, supuestos normativos aceptados, etc. La fuerza o fuerza potencial de un argumento es una propiedad relacional. Los argumentos son convincentes o potencialmente convincentes para aquellas personas que poseen evidencia relevante. Además, la evaluación de un argumento es tanto una cuestión epistemológica como lógica. Aproximadamente tres posiciones en la distinción deductivo-inductivo han surgido:


1. Perry Weddle sostiene que debemos abandonar la distinción deductivo-inductiva... dado que algunos argumentos tradicionalmente inductivos y algunos tradicionalmente deductivos proporcionan bases concluyentes para sus conclusiones y otros no. Los que no lo hacen, aparentemente no están lo suficiente y cuidadosamente escritos. En los mal escritos presumiblemente deberíamos completar sus premisas y/o cubrir sus conclusiones para que se vuelvan deductivas en el sentido de que "es absolutamente imposible que las premisas sean ciertas a menos que la conclusión sea verdadera también”. Habiendo hecho que la fuerza de la conclusión sea proporcional a la fuerza de las premisas, podemos evaluar la fuerza del argumento determinando la aceptabilidad de las premisas. Entonces hay dos preguntas que hacer sobre cualquier argumento: ¿La conclusión se deduce deductivamente de las premisas? ¿Cuál es la relación de las premisas con la realidad? [8]


2. Samuel Fohr sostiene que debemos retener la distinción deductivo-inductivo[9]. Dado que los argumentos no existen en el vacío, sino que son presentados por personas para convencer a otras personas, debemos prestar atención a las intenciones de las personas que los presentan. Si una persona pretende que sus premisas requieran a su conclusión, está dando un argumento deductivo. Si él piensa que sus premisas hacen probable su conclusión, está dando un argumento inductivo. Se podría agregar: si pretende que sus premisas sean no concluyentes relevantes para su conclusión, está dando un argumento deductivo. Y así. Si los argumentadores no dan evidencia de sus intenciones, deberíamos preguntar si tienen la intención de que sus premisas proporcionen apoyo concluyente o probabilístico (o no concluyente relevante) para su conclusión. Si no podemos descubrir las intenciones de un argumentador a este respecto, debemos interpretar el argumento como ambiguo y probarlo con estándares deductivos e inductivos. Un argumentador que no tiene intenciones sobre la fuerza del vínculo entre las premisas y la conclusión no ha presentado un argumento definitivo. Parece abogar por una variante de esta posición cuando insta a que consideremos "deductivo" e "inductivo" como característico de los argumentos (actos de presentar un argumento) en lugar de los argumentos mismos. Fohr requiere revisar el vocabulario para evitar engañar a nuestros estudiantes y no cometan el error de considerar como iguales los argumentos deductivos o inductivos. Dado que dos personas pueden presentar el mismo argumento con diferentes intenciones en cuanto a la fuerza de la relación entre las premisas y la conclusión, es la conclusión del argumento y no el argumento el que es deductivo o inductivo. Nos dice Fohr que muy seriamente debemos tomar las intenciones de los argumentadores en nuestra evaluación, compromete a determinar si existe una distinción defendible entre los argumentos que son deductivamente válidos y los que son inductivamente fuertes. Sin embargo, es probable las intenciones de los defensores sobre la fuerza del vínculo entre las premisas y la conclusión puedan tener éxito o fracasar. Si es así, presupone una distinción previa entre dos (o más) formas en que la conclusión de un argumento puede derivarse de sus premisas. Es decir, presupone una distinción entre validez deductiva y fuerza inductiva.


3. Nosotros sostenemos que debemos retener la distinción deductivo-inductivo, no como una distinción entre tipos de argumentos, sino como una distinción entre tipos de validez, o, como lo expresa Trudy Govier, estándares de evaluación[10]. Un argumento es deductivamente válido si y solo si la verdad de sus premisas garantiza la verdad de su conclusión; es decir, es imposible que las premisas sean verdaderas y la conclusión falsa. La descripción de un posible estado de cosas en el que sus premisas son verdaderas y su conclusión falsa es una refutación de la afirmación de que un argumento es deductivamente válido. Un argumento es inductivamente fuerte si y solo si la verdad de sus premisas hace probable la conclusión. Para refutar una afirmación de que un argumento es inductivamente fuerte, debemos desplegar argumentos que muestren que la conclusión es improbable en relación con la evidencia contenida en las premisas.  Defender al menos un estándar más de evaluación, que podríamos llamar, después, un estándar conductivo[11]. Un argumento es deductivamente válido si y solo si la verdad de sus premisas proporciona razones relevantes no concluyentes para aceptar la verdad de la conclusión. Es difícil saber cómo refutar una afirmación de que un argumento es deductivamente válido. Sugerimos si las premisas de tales argumentos se complementan adecuadamente, no es posible refutar un reclamo de validez para tales argumentos. La única objeción válida a un argumento debidamente completado para el cual se reivindica la validez deductiva es un ataque a una de sus premisas.


2. Sistema de preguntas al modo socrático 


Uno puede aceptar que las preguntas son en principio responsables de guiarnos a la información empírica o lógico-matemática, de modo que cualquier otra cosa sin ellas, es solo confusión reducible a una realidad sin sentido. En última instancia, la objeción no es posible si no hay espacio entre las preguntas que se pueden responder mediante evidencias o cálculos. El destino de todo problema, es el siguiente: algunos desaparecen al ser demostrados como errores y malentendidos de nuestro lenguaje, y otros, se encuentran como cuestiones científicas ordinarias disfrazadas de un problema original; y los menos, logran ser cuestiones trascendentales para la ciencia. Estas observaciones, creemos, determinan todo futuro de las preguntas de investigación[12].


Es una tentación recurrente para las personas impacientes no estructurar sus preguntas. Stephen Hawking  en su “The grand design” nos expresa[13]:


“Cada uno de nosotros existe por poco tiempo, en este tiempo exploramos una pequeña parte de todo el universo. Pero los humanos somos una especie curiosa. Nos preguntamos, buscamos respuestas. Viviendo en este vasto mundo que por turnos es amable y cruel, miramos a los inmensos cielos de arriba, la gente siempre ha hecho una multitud de preguntas. ¿Cómo podemos entender el mundo en que nos encontramos? ¿Cómo se comporta el universo? ¿Cuál  es la naturaleza de la realidad? ¿De dónde salió todo esto? ¿Necesitaba el universo un creador?  La mayoría de nosotros no pasamos la mayor parte de nuestras vidas preocupados por estas preguntas, pero casi todos nos hemos preocupado por ellas alguna vez. Tradicionalmente son preguntas para la ciencia y la filosofía, pero la filosofía está muerta. La filosofía no ha estado al día de los desarrollos de la ciencia, en particular de la física. Los científicos se han convertido en aportaciones de la antorcha del descubrimiento en nuestra búsqueda del conocimiento”. 


Vale la pena considerar la posición de Hawking en la medida en que ayuda a aclarar la naturaleza autorreflexiva de preguntar y por lo tanto responder a la primera objeción. Hume y Hawking tienen razón al considerar que, si se supone que las cuestiones científicas son cuestiones accesorias del estudio del razonamiento experimental sobre la materia de hechos y la existencia, el razonamiento abstracto sobre cantidad y número debería ser parte de la búsqueda de conocimiento filosófico, si las matemáticas y el pensamiento científico de frontera no los atiende la filosofía, entonces diríamos como Hawking: ¡la filosofía está muerta! 


Sentimos que estamos atrapados en muchos aspectos en una frase: el fin de la historia. No del todo, porque esto, es decir, el estancamiento en sí mismo, comienza cuando las personas dejan de hacerse preguntas sobre lo profundo de la vida humana y su entorno natural. Se observa una necesidad de una educación que desde el humanismo científico  se pregunte, como medio pedagógico, donde los diferentes tipos de cursos respondan al entrenamiento de preguntar los porqué de cada pieza de conocimiento en las aulas. El estancamiento se resuelve cuando hay realmente un entrenamiento intelectual para hacernos de la habilidad de crear sistemas de preguntas bajo el modelo hipotético deductivo. 


Discutir cuando hay preguntas genuinamente abiertas en la investigación científica, es el primer paso[14]. El cuestionamiento es un proceso de intensificación que tarde o temprano termina invadiendo la ciencia. Es es un buen progreso porque es una manera precisa de entender el carácter crucial autorreflexivo de las cuestiones científicas, es darse cuenta de que las cuestiones científicas son abiertas, en términos del desacuerdo por cerrarlas bajo la idea de que la ciencia logra la verdad absoluta cuando las contesta. Déjenos explicarlo.


El cierre es un proceso simple pero muy poderoso en las álgebras matemáticas, donde se dice que una álgebra es un cuerpo o campo cerrado bajo una operación binaria de suma y multiplicación. Una operación llevada a cabo entre los miembros del cuerpo o campo (números, vectores, tensores) siempre produce un miembro del mismo conjunto. Sin embargo, el mismo conjunto no está cerrado (es decir esta abierto a infinito). Lo mismo sucede con una pregunta de investigación, la base axiomática de la razón humana es cerrada, pero sus posibilidades de interrogar a la realidad son infinitas. 


Ahora, el conjunto de preguntas científicas es tal que si se cuestionan tales preguntas, se obtiene una más profunda cuestión. El conjunto de preguntas empíricas o lógico matemáticas, no está cerrado sino abierto al interrogatorio: continuar interrogando el tiempo suficiente, eligiendo cuidadosamente las preguntas correctas para ganar profundidad sobre lo que en el mundo es posible, tarde o temprano terminará saliendo fuera del conjunto de esas preguntas dentro de la disciplina particular y dentro del conjunto científico, tendiendo al plano de la filosofía. El problema en la primera objeción con las posiciones de Hawking, no es solo que se equivoca, sino que se autocontradice, porque la mala filosofía sigue siendo filosofía. 


A la luz de la primera objeción, podemos referir nuestra definición diciendo que las preguntas científicas son en principio cuestiones abiertas, cerradas bajo la base axiomática de la razón humana. Esto es mejor, pero desafortunadamente la nueva definición todavía no logra hacer frente a una segunda dificultad: la inflación. Si aceptamos que las preguntas científicas son abiertas, en el sentido del desacuerdo, y preguntas cerradas, en el sentido teórico, esto puede incluir demasiado para nuestro propósito de que sean prácticas a la investigación. El espacio de preguntas podría ser un Big Bang interrogativo (inflacionista) y este sería evidencia de que algo está mal con la definición en sí. Esta es la segunda objeción.


Puede parecer que lo que hemos hecho es saltar sobre el fuego, demasiadas preguntas ahora cuentan como científicas porque están abiertas. Contar con una gran variedad de preguntas lo que provoca es instalarnos en la más intensa incertidumbre y nos deja en lo mundano generando desacuerdos racionales honestos, pero sobre todo nos instala en una crisis de delimitación práctica para realizar una investigación durante la vida razonable de una persona. La preocupación es sensata, pero, al final se puede disipar, por dos razones. 


En primer lugar, las incertidumbres no están necesariamente vinculadas a preguntas abiertas. Por ejemplo, si nos preguntamos si habrá una crisis financiera el próximo mes, es una pregunta cerrada, no porque tengamos una respuesta. Está cerrada porque entendemos que tendrá una falta de una respuesta definitiva, por tanto, nuestro desacuerdo se basa precisamente en lo limitado de los recursos empíricos o lógicos matemáticos. Si tuviéramos más información, tendríamos una respuesta definitiva, en la que entonces no sería razonable discrepar. Tanto es así que a finales del próximo mes, veríamos que la pregunta estaba cerrada. Esta es la razón por la que, cuando hay limitada información y razones sobre la organización de un sistema, no significa que sea inabordable dar  pasos serios y modestos en lo desconocido.


La segunda se refiere a la naturaleza o al tema de las preguntas genuinamente abiertas. Las preguntas se dan en un grado de valor: importancia, pertinencia, relevancia, seriedad y dificultad. Debemos acercarnos a ellas sin que vismo. Dicho esto, es cierto que cuando nos enfrentamos a preguntas científicas tendemos a concentrarnos en problemas más significativos y consecuentes, en otras palabras, los temas de investigación los exponemos dentro de un razonamiento de interrogaciones al modo de algoritmo hipotético deductivo, por ello, este proceso interrogativo en su estructura racional decide el tema y no en la simple pregunta con signos de interrogación suelta y desvinculada de justificación con el resto de las interrogaciones. 


Las preguntas llevan a más preguntas. Cuando esto sucede, se puede decir que la pregunta Q1 plantea Q2 entonces sugiere Q3, y así sucesivamente. Pero las preguntas también nos pueden conducir hacia atrás en la relación lógica que da justificación y sustento al conocimiento moderno. Pensar es presuponer desde la lógica matemática o la empírica, y puede usar formalmente la implicación ordinaria de hacernos de un sistema de preguntas de investigación. A largo plazo la experiencia da lugar a una red de fórmulas de interrogación empleando operadores discursivos (ver https://cieumich.mx/EbookLetras10/elements/TablaContenido.html), permitiendo a la mente del investigador admitir en su lenguaje estructurado, diferentes tipos de razonamiento robusto. De ello podemos concluir, es un error pensar que las preguntas abiertas son la primera y la última necesaria en el tiempo de investigación, más bien son solo una unidad interrogativa dentro de una cadena de preguntas conectadas con operadores modales. 


Las preguntas de investigación son preguntas finales dentro de una cadena de preguntas conectadas por la lógica modal (operadores discursivos), que influyen en términos de cascada sobre preguntas adicionales y respuestas relacionadas dentro de la red interrogativa. Con esta nueva definición de pregunta de investigación, dada como un sistema de fórmulas hipotético deductivas, que en su estructura provee que hay una posibilidad correcta de generar información para dar respuesta, deja fuera la posibilidad de que busquemos la verdad donde la ciencia no tiene acceso. El novel en la mitología de investigación, es común que no entienda que la ciencia no está en la empresa de describir soluciones, sino la de diseñarlas como aplicación de un método. El método es el diseño conceptual, no en la lógica formal de lo que se encuentra en el corazón del pensamiento científico, como ya hemos argumentado cuando referimos qué es la teoría. 


3. La epistemología de la objetividad 


Sostiene que los casos en el paradigma de los conocimientos perceptivos, uno sabe en virtud de poseer un apoyo racional a la vez que fáctico (es decir, implica a la evidencia) es reflexivamente accesible. En particular, sostenemos que puede un conocimiento perceptivo tener que P en virtud de esa P, donde ver a P es fáctico y donde es reflexiva accesible a uno cuando vemos P[15]. Esto está arraigado en nuestras prácticas cotidianas, centra su importancia en que es antiescéptico. Para expresarlo más ampliamente esto, considere: si lo podemos ver, sentir, oler…, y lo podemos racionalizar, entonces existe. Este pensamiento es disyuntor, al separar evidencia de racionalidad, ofrece una respuesta al escepticismo sobre el conocimiento perceptual del mundo, a partir de un argumento a favor de la no anulable pretensión de objetividad de la experiencia, podemos nombrarlo como lo hizo John MacDowell en 1995[16]: disyuntivismo epistemológico.  


Hasta hace muy poco el disyuntivismo epistemológico no era considerado por los epistemólogos como algo serio, con el argumento de que era obviamente falso. La razón principal es considerar que esta nueva intuición sobre el genio maligno con respecto a la naturaleza del apoyo racional reflexivo es accesible. La tesis de que un genio manipula la evidencia para engañarnos, y que esta detrás del velo de lo real, se le conoce como el genio maligno. Según esta intuición, dado que no se puede discriminar entre condiciones escépticas y escenarios paralelos escépticos, se deduce que el apoyo racional reflexivo disponible en la literatura, se puede considerar objetivo sobre la tesis de que nuestra experiencia (incluso la perceptual) es conceptual. En el marco del punto de vista de la “espontaneidad” en un sentido de lo sensorial (vista, tacto…), se consideran a una etiqueta para denominar la evidencia, que se halla implicada en la capacidad conceptual de nombrar todo lo que sucede en el mundo. 


El escéptico, se apoya en la aparentemente imposible anulabilidad en las ideas presentes en los conceptos,  en lo referente a las proposiciones y teorías que tenemos del mundo a partir de nuestra experiencia sensorial. El escéptico defiende que no hay razón para dudar, invirtiendo esfuerzo intelectual en lo que para nuestra experiencia perceptual del mundo resulta en una aplicación exitosa evidente. Por ejemplo, si la mecánica cuántica en su aplicabilidad tecnológica resulta exitosa en los microprocesadores presentes en nuestros teléfonos inteligentes, significa que esa coherencia es suficiente para sostener que no hay ningún genio maligno jugando con nosotros. Otro ejemplo lo da Hawking al sostener que este universo, en sus ecuaciones fundamentales que lo gobiernan, no necesita de ningún Dios para existir. 


Propuesta que resulta plausible desde el punto de vista epistemológico. Adicionalmente, McDowell insiste en la necesidad de incorporar un argumento trascendental (depurado del idealismo) para refutar definitivamente dicho escepticismo. 


La línea de pensamiento básica es que no debemos evaluar el alcance del apoyo racional reflexivo accesible de un sujeto en el buen caso limitándolo a ese apoyo racional que está disponible, a pesar de que los buenos y los malos casos son por hipótesis indistinguibles, por lo tanto, la nueva intuición del genio maligno tiene que mantenerse. Negar al genio maligno no basta para mostrar cómo el punto de vista de alguien es creíble. Es fácil considerar al disyuntivismo epistemológico, como cierto, dada la enorme popularidad cotidiana de su práctica epistémica en lo profundo de la cultura. 


En las formas estándar de pensar sobre internalísmo/externalismo, uno se enfrenta a una elección cruda. Por un lado, uno puede apelar al tipo de apoyo racional reflexivo accesible que satisfaga lo internista, pero entonces uno tiene  que admitir que este es un apoyo racional que se poseería incluso si las creencias fueran radicalmente erróneas. En resumen, uno renuncia a su apoyo epistémico agarrado en directo de un mundo externo a uno. Los externalistas apoyados en que sus teorías fueron desafiadas en la prueba de la fiabilidad; ellos lo garantizan bajo el soporte epistémico, ofrecen a uno un agarre a tierra directo con el mundo externo, ya que es el apoyo de la lógica doxástica y epistémica el que en ciertas relaciones objetivas nos da acceso a el espacio de significados en las diferentes parcelas de la realidad, desde el punto de vista racional, las creencias de uno están formadas de justificaciones rigurosas que otros pueden verificar. 


El pensamiento rector detrás del principio de cierre en las preguntas de investigación, es que la deducción competente es un ejemplo del modelo de explicación de un proceso racional. Por consiguiente, cualquier creencia basada en una deducción hipotética competente de los conocimientos racionalmente fundamentados, no puede ser en sí misma menos original cuando preserva a lo largo de la deducción los fundamentos que le dieron origen. La idea es que uno sería capaz de deducir competentemente su conocimiento perceptivo racionalmente fundamentado, a través de una inferencia basada en el cierre, para que uno no sea víctima de un escenario escéptico radical. Cuando se presentan paradojas genuinas uno podría afirmar que es solo el hecho que nuestras teorías están defectuosas y que debemos abandonarlas por nuevas opciones.  


4. Evidencia 


Las razones motivadoras son estados psicológicos, las razones normativas son hechos. La razón normativa es una consideración que, de hecho, favorece la acción. Una razón motivadora es por la cual la gente actuó como lo hizo. La razón normativa es una buena justificación para la acción, para mostrar lo que hay que decir a favor de ella; la razón motivadora es algo que citamos para explicar su acción, para mostrar lo que usted pensó que debía decir a favor de. La razón normativa es la consideración que favorece justificar lo que haremos. La razón motivadora es lo que percibimos a favor de lo que hicimos. 


La evidencia para la razón motivadora representa la objetividad del motivo por el que actuamos. Para la razón normativa, la evidencia es algo sobre la base de que alguien podría o debería, verificarla para sostener la razón en dirección a una creencia. La evidencia es algo que lógicamente apoya una idea, algo que objetivamente podemos apelar para explicar o racionalmente justificar nuestras creencias. Las creencias contienen una  o muchas evidencias. 


¿Por qué deberíamos preocuparnos por esta noción más compleja de evidencia en primer lugar, cuando tenemos una noción simple perfectamente viable que parece servirnos muy bien en el espacio académico o científico? La respuesta es corta, es que esta noción de evidencia es tan simple que casi cualquier cosa podría serlo. La evidencia es algo que es justificado para ser valido en el espacio de escenas criminales, en tribunales de justicia y en los laboratorios de investigación. Se justifican bajo la teoría que sostiene las hipótesis sobre lo que en ese espacio es real. A fin de evaluar significativamente nuestros juicios e hipótesis, necesitamos formar creencias apoyadas en la evidencia, de hecho, en evidencias pertinentes al marco teórico de explicación. Hemos aquí expresado a la evidencia como una razón para la creencia.


La mayoría piensa que nuestra relación con la evidencia es una proposición determinada en parte si somos racionales y justificamos para creer, asumimos que la honradez y responsabilidad son necesarias como valor, para ser parte de lo que la evidencia es. La cuestión central en el debate sobre la ontología de la evidencia es qué tipo de cosas pueden ser evidencias para una propuesta científica, ya advertimos que la forma lingüística de materializar una evidencia es una proposición. Ahora debemos estudiar que tipo de proposición es.


La escuela proposicionalista refiere a la evidencia como una proposición con el papel fáctico[17].  Dentro del factualismo no existe evidencia falsa y equipara los datos como una referencia directa con lo existente en la realidad[18]. El psicologismo refiere a evidencia como la relación de un proceso de lógica doxastica que justifica relevancia y pertinencia conceptual, en la que está expuesta a ser corrompida por las emociones[19], llamado sesgo cognitivo. Para el pluralismo valen todas las anteriores[20]. 


En resumen, la evidencia es un instrumento lingüístico provisto para apoyar lógicamente, favorecer objetivamente y explicar nuestras creencias; se nos presenta en forma de proposición, datos empíricos y teóricos, además, debe ser justificada su pertinencia y relevancia para los juicios en los que participa o es parte de la naturaleza generadora dentro de un ensayo experimental. La evidencia es un recurso de la razón para apelar y dar sentido a las propuestas sobre lo verdadero, creencias que deben explicar que tan formadas están a la tierra de los hechos. 


El papel de la evidencia, es aportar peso objetivo para las demostraciones sobre lo que consideramos verdadero. Justificar nuestras creencias, por mucho es anclarlas lo más firme posible en la evidencia. No solo es algo obvio que la evidencia tiene significado en el concepto que tengamos de hecho. Es decir, los datos numéricos en un ensayo experimental, solo tienen sentido en función del concepto del “hecho”, ese que está asociado al marco teórico de explicación del experimento. Un hecho puede entenderse como un concepto lo más próximo a lo empírico, a lo que existe y sucede en la realidad, es un consenso de la comunidad de conocimiento, siempre expuesto a su evolución dentro de las más pujantes nuevas teorías. 




La mayoría de las personas considera que la evidencia es la mejor razón para lo que existe, sin advertir, que los hechos son algo lingüístico y los datos en su sentido dependen totalmente de los hechos. La evidencia como lógica empírica es más interesante, es decir, construir evidencia como causa-efecto, correlaciones, funciones de probabilidad, el falso testigo…, nos permite argumentar que el método científico es un estilo de pensamiento para creer en una buena razón. La buena razón esta anclada en la evidencia, los hechos, las hipótesis, los conceptos, las teorías, las leyes, los argumentos, en la lógica doxástica y epistémica. Donde la escritura creativa es la forma viva del método de investigación científico.


5. La razón: el logos


Mientras muchos psicólogos demuestran y tienen fascinación por ver que los humanos gran parte de nuestra vida cotidiana somos irracionales, corrompidos por las emociones y capacidad racional finita[21]. Otros, identifican los mecanismos por los cuales los seres humanos podemos incrementar nuestra capacidad racional. 


Nos dicen los biólogos que los humanos nos distinguimos de otros animales, por el hecho de que somos criaturas racionales. La facultad que nos hace inteligentes, sabios y conocedores se le suele llamar razón. Pero si la mente moderna en la ciencia cognitiva es modelada como lenguaje, podemos dar cuenta que el lenguaje es la forma material en que se nos presenta la razón. No olvidemos, que por estar dotados de razón, nos alejamos de ser animales, pero no bestias. La crueldad, el egoísmo, la intención de manipulación perversa…, son muchas formas de darnos cuenta que somos también irracionales. Desconocemos, siendo la razón un rasgo biológico, por qué solo prosperó en los humanos. Si la razón eleva la capacidad de conocer, mejorarla nos asegura mejores conocimientos. 


El logos, es el término griego referido a la razón, ahora mismo todos los nombres de nuestras ciencias en su morfología como palabra, la contienen. Podemos decir, que biología, sociología, fisiología…, nos expresan que se deben a la razón. La filosofía sostiene que la razón es la propiedad lógica en el estudio de la validez, que es propiedad de los argumentos, de cláusulas, inferencias, coherencia y cadenas de proposiciones en todos los tipos de discurso: científico o de ficción. Algo extraordinario es que nuestra biología y su base axiomática, nos permiten, sin revelar el porqué nos fue dado este poder, investigar la realidad como patrones de razonamiento ocultos en su diseño. El gen FOXP2 esta muy consolidado como pieza fundamental del lenguaje y la facultad  de la razón. Sócrates había pensado, que el camino a la verdad es un camino racional, todo aprendizaje es un proceso racional, lo contradictorio es que aún hoy se alienta a los estudiantes a memorizar y no a justificar sus creencias.


El arte de argumentar, es la acción virtuosa de razonar. En la medida que la veamos como arte, distinguiremos a la retórica. La retórica es el arte de producir discurso coherente. Tal ves esto ya le indica que la capacidad racional en la ciencia se expresa con la habilidad intelectual discursiva para demostrar, explicar, categorizar, fundamentar, describir, calcular y narrar. Esta última habilidad, es lo que hace que valga la pena saber algo en lo absoluto, como una experiencia de conocimiento. El producto de la razón es el conocimiento. La inteligencia es el cumulo de recursos racionales para enfrentar lo contingente, entre más estilos de razonamiento, más inteligentes nos volvemos. 


La razón no nos hace por si misma eruditos, el aprender diferentes tipos del arte de razonar es otro asunto. Llamar a alguien brillante, es reconocer en su persona el dominio de diversos y complejos estilos de razonamiento. La erudición es una compensación del rigor que nos hace elocuentes. Transmitir las lógicas del lenguaje para poder discernir hábilmente argumentos sólidos y válidos, se ha convertido en el mayor logro de la educación que promovió la Ilustración. 


Probablemente ningún filósofo se ha comprometido más con la promesa de la racionalidad que Leibniz, este creía, que si simplemente logramos idear un lenguaje artificial adecuado, con todos los términos rigurosamente definidos y todas sus reglas de inferencia claramente deletreadas, no habrá más conflictos o disputas humanas entre sociedades[22]. Lo que sucedió, es que la promesa de la razón de alejar al hombre  de la violencia no se cumplió, pero este pensamiento nos llevo a la actual inteligencia artificial. Computar estructuras racionales humanas condujo a matemáticos e ingenieros, como Alan Turing a sintetizar la razón humana dentro de maquinas electrónicas. A todo esto debe usted considerar, que hablar de mente, es referirnos a lenguaje y hablar de razón, es tomar la acción dinámica de axiomas que evalúan lo contingente de la razón y escribirlos en códigos de computadora. Leibniz consideró que todo absolutamente todo, lo puede conocer la razón, y justo esto es lo que impulsó enormemente la ciencia de su tiempo. 


6. La verdad


“El internalismo sostiene que el proceso de producción y validación del conocimiento es independiente de las influencias externas, siendo sus principales puntos de referencia la Historia de las Ideas y la Filosofía de la Ciencia. Cree que la ciencia debe seguir su propia lógica y luchar por liberarse de las interferencias de las fuerzas sociales, políticas y económicas. Por otro lado, el externalismo mantiene que la ciencia está condicionada por la estructura organizacional de la producción científica. Por tanto, debe ser considerada en relación con otras ramas del conocimiento y con las estructuras socioeconómicas circundantes. Recientemente, los externalistas se han centrado en las relaciones entre ciencia, gobierno, política científica y la comunicación entre los científicos[23]”.


Tal vez el argumento más fuerte para el externalismo,  sea el argumento de conexión a la verdad. Las condiciones que justifican la creencia deben ser lo suficiente indicativas de la verdad o hacer que sea lo suficiente probable que la creencia sea verdadera[24].  Lo que es distintivo de la justificación epistémica es que tenerla te pone en la dirección adecuada con la verdad. Si la justificación epistémica no fuera propicia de esta manera para buscar la verdad, si esto no aumentara sustancialmente la probabilidad de encontrar verdad, entonces por ineficacia desde hace tiempo que ya la ciencia la hubiera abandonado[25]. 


Tenga presente que son mejores las creencias que están justificadas que las que son producto de una corazonada o una conjetura superficial. Las condiciones que determinan si es probable que nuestras creencias sean verdaderas no parecen sobrevenir a los estados mentales accesibles o no activos, ya que si somos honestos y de carácter intelectual, soportaremos cuando nuestras creencias no aguanten el rigor de la lógica matemática  y la doxástica que pondrá a fuego la red conceptual de nuestras ideas.


El problema con este argumento es que utiliza la noción de una conexión adecuada, una del tipo hipotética deductiva con la verdad. Los externalistas consideran que esta conexión no es una vía accidental con la verdad. Si sus creencias están justificadas, podría decirse que cuando resultan confirmadas, no permita de constituir conocimiento justificado. El problema con esta línea de pensamiento es que se basa en una suposición controvertida sobre el papel que desempeña la justificación en la adquisición de conocimiento. Cualquiera que asegure que hay una conexión directa entre la realidad y el lenguaje puede tener serios problemas, si considera que ambos mundos son independientes. Sí, hay otra razón para pensar en la propiedad externalista de conexión como no viable, es que toda vía no está claro para la ontología que es lo que tiene existencia.  


La actitud científica con la verdad puede resumirse en el compromiso con dos principios:



Lo que hay que descartar sin duda, es el deseo que conduce a falsear los datos y la deshonestidad lamentable de plagiar. Estar preocupados por la evidencia, es estar dispuestos a probar nuestra teoría contra la realidad que podría refutarla. Comprometernos a renunciar a una creencia, no porque nos haga sentir bien, parezca correcto, o incluso sea más cómodo para encajar nuestros datos. Este carácter intelectual muestra lo difícil que a veces es decidir cuando abandonar un marco teórico. 



Referencias 


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[24] Alston, W. P. (1989). Epistemic Justification. Cornell University Press.

[25] BonJour, L. (1985). The Structure of Empirical Knowledge. Harvard University Press.

 

 

Autores:

Eduardo Ochoa Hernández
Nicolás Zamudio Hernández
Lizbeth Guadalupe Villalon Magallan
Pedro Gallegos Facio
Gerardo Sánchez Fernández
Rogelio Ochoa Barragán
Martha Ivett Huerta Varela
Monica Rico Reyes