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12 de febrero del 2002

 

Todo el trabajo de ARMANDO VALDÉZ MONTAÑÉS, está cruzado por un aire de extrañeza. A veces ligado al misterio primordial que plantea el surrealismo y otras veces relacionado con metáforas de máquinas, animales  y seres humanos.

 

No es raro ese aire insólito si tomamos en cuenta que las fuentes visuales donde abreva Armando siempre han sido las de esa corriente negra de la historia del arte que marca el aspecto oscuro e intranquilizante (las mitologías antiguas, el Bosco, Goya, Dalí, HR Giger, Helnwein, el “Ciberpunk”, el cómic uderground, las violentas imágenes de la fotografía contemporánea, etc.

 

Sus colores casi siempre son el blanco, el negro y una amplísima gama de grises fríos y cálidos , usados  como énfasis emotivo, un estado anímico lóbrego y pesimista.

 

Curiosos son los contextos  temporales a que hace referencia su obra: a veces nos remitimos a una antigüedad desgastada, ruidosa y otras se fugan a un futuro incierto, mecanizado y supertecnologizado, pero derruido y contaminado.

 

Luces y sombras  bien construidas, degradaciones precisas y texturas bien cuidadas. El proceso de su obra en estos últimos años ha transitado de un dibujo fino a una pintura enriquecida en sus cualidades de color y textura.

 

Un contenido de misterio extremo y una solución técnica depurada. Esas son las virtudes que saltan a la vista.

 

 Realismo Fantástico

Escrito por el pintor Rafael Flores 

 

 

 

 

 

 

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